El mercado inmobiliario ha sido siempre uno de los más seguros porque se trata de bienes tangibles. Por ello también es uno de los menos dinámicos: recuerde que la rentabilidad esperada es siempre proporcional al riesgo y viceversa.
La velocidad en la que vienen apreciándose los inmuebles en Lima, particularmente en algunos distritos y en lugares específicos (vista al mar, a un parque, entre otros) es para algunos un indicio de que el país está creciendo a tasas muy altas, que el poder adquisitivo y el PBI per cápita han crecido, así como la capacidad de endeudamiento y la facilidad con la que se puede obtener un crédito. Pero otros empiezan a preocuparse y más con lo ocurrido en EE.UU. y que ya viene sucediendo en España.
Sin embargo, como dice el consultor español Pol Santandreu, los precios en el Perú están todavía muy lejos de aquellas cifras estratosféricas. Es más, son de las más bajas de la región. Al punto que dos de sus clientes, prominentes inversionistas en bienes raíces, que ya cuentan con inversiones en México y Panamá, tienen la mirada puesta en el Perú.
El argumento contra la teoría de la burbuja en el Perú es tranquilizadora: "el problema (allá) estaba empujado por la laxitud del crédito, por la facilidad de titulizar deuda y porque los precios de los inmuebles se elevaban 17% al año en promedio (y hasta 35% en algunas zonas, más que una bolsa cumplidora). Es decir, los inmuebles se convirtieron en un activo de renta variable. ¿Cómo? Uno se endeudaba por 100.000 euros para comprar una vivienda que en cinco años: o ya había vendido o debía (por las sobrehipotecas) cerca de 500.000 euros que, por supuesto, no podía pagar. Un metro cuadrado de terreno en un barrio obrero periférico de Barcelona llegó a costar 7.000 euros (el sueldo medio es 1.000) y empezó la especulación: 20% de viviendas desocupadas esperando ser vendidas.
En el Perú, asegura, todavía no vemos nada. Compre casa hoy, no se vaya a arrepentir luego.