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EL LADO OCULTO MARIO WITOMSKI, GERENTE GENERAL DE SONY ERICSSON DEL PERÚ

Matar o morir, esa es su ley

LAS TRIBUNAS BRAMABAN. FRENTE A ÉL --AL OTRO LADO DE LA NET-- LA ESCUADRA QUE COMO LA SUYA ASPIRABA A DEJAR LA SEGUNDA DIVISIÓN. SUS MATES FUERON CLAVES. JAMÁS LO OLVIDARÁ

Por Antonio Orjeda

Siempre que le era posible, él los acompañaba. Y cada vez que eso ocurría, los chicos se volvían locos. "¿Cómo hacés para pegarle tan fuerte?". Mario ríe ahora. Esa era la pregunta que con mayor frecuencia le hacían los chicos de las divisiones menores de Atlético Independiente, el club de vóley al que Mario y los suyos habían devuelto --después de años-- a Primera División.

Era 1990. Buenos Aires, Argentina. Las graderías, partido a partido, habían comenzado a poblarse como antaño. Mario y los suyos estaban por hacer realidad el sueño. 1990. Frente suyo, Ferrocarril Oeste. Jugaban en cancha neutral, pues ambos equipos habían ganado los encuentros disputados en sus respectivos estadios.

El segundo set fue para Ferrocarril Oeste que así igualó el marcador. El tercero fue interminable, recuerda Mario. Entonces no había muerte súbita, se tenía que luchar por el derecho a cada saque. Los fideos con mantequilla que se habían comido al mediodía fueron fundamentales para afrontar el desgaste.

Igual, al final del encuentro cada uno había perdido unos tres kilos en promedio. Pero había valido la pena. 3-1. Así quedó el marcador. A él, al atacante de la escuadra, los chicos de las divisiones menores no se cansaban de preguntarle: "¿Mario, cómo hacés para pegarle tan fuerte?".

"En esto, a diferencia del fútbol, el contacto con la pelota es mínimo: es de milésimas de segundo. En menos de un segundo perdiste una pelota y perdiste un partido. Además, tienes la definición: hacer el último punto. Yo soy jugador de punto 25. Ahí se ve la fibra del jugador".

Y claro, el punto 25 equivale al penal decisivo en una ronda que define al ganador. ¿A cuántas estrellas del balompié hemos visto desinflarse en ese trance?

Mario juega vóley desde los 16, lo hizo como profesional hasta los 27. Integró la selección nacional de juveniles de su país. Hasta ahí nomás llegó. Para ser parte del equipo de mayores hay que medir mínimo 1,95 metros. A él le faltaron 10 malditos centímetros.

El 70% de sus amigos pertenece al mundo del vóley, afirma. El más pequeño mide 1,88 metros. "Si los ves venir a todos juntos por la calle, vas a querer salir corriendo", ríe.

A los 23 se recibió como contador, empezó a trabajar y, si bien la vida deportiva se le complicó un poco, se podía manejar. Pero cuando Mario hace algo, no lo sabe hacer más que muy bien. "A full o nada. A matar o morir". Y obvio, fue ascendiendo. A los 27 asumió la gerencia de márketing de una empresa de telecomunicaciones. Casi no tenía tiempo para jugar. "Así va a ser hasta que agarre el ritmo", pensó. Mario moría por volver a matar por encima de la red. "Y cuando agarré el ritmo, el trabajo se puso peor". Sí, tuvo que optar.

Hace 3 años que no entrenaba, hace 9 meses llegó al Perú. Mario ha arribado con toda la familia, ya conoció el Regatas. Cada vez que el trabajo y sus cuatro hijos le dan tregua, va. Las dos mayores, sus mellizas de 8 años, han comenzado a jugar vóley. Lo han visto jugar, hay una pregunta que le han comenzado a hacer: "¿Papi, cómo hacés para pegarle tan fuerte?".

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