Por Hernán Chaparro [Psicólogo]
Estamos en julio y comienza una polémica anunciada: si Wong, ahora manejada por capitales chilenos, debería o no organizar su famoso corso. Hay que analizar lo que ocurre con la marca dentro del proceso de mutuos acomodos que posiblemente se irá dando entre la empresa y su público. No digo clientes porque esta cadena es un ciudadano sobre el que opinan incluso los que no lo son, pero que se sienten afectados por lo que ocurre con ella.
Desde su venta, surgieron preguntas sobre las celebraciones de julio, expresadas en temores que fueron desapareciendo hasta quedar como cicatrices que algunos siguen llevando, pero que no les impiden seguir yendo a comprar al mismo local de antes. Será interesante ver la reacción del público, porque quienes asisten no solo son clientes de la tienda, quienes suelen ser más de niveles socioeconómicos ABC .
La pregunta es si el tiempo irá limando asperezas o no. Más allá de que las elecciones presidenciales del 2011 reaviven los temas sobre nacionalismo, ¿cómo la gente seguirá relacionándose con la marca si esta sigue organizando su celebración? ¿Podrán reconstruir o construir con las nuevas generaciones su imagen de peruanidad?. Lo cierto es que en este caso influye mucho la nacionalidad del nuevo dueño.
Pero los sentimientos son distintos con otras empresas-ciudadano en manos extranjeras, como Backus o Inca Kola, que siguen sacándole lustre a su peruanidad sin mayores problemas. El tema no es que el origen sea del sur, sino que la propiedad haya cambiado de dueños.
Otra gran diferencia es que mientras Backus o Inca Kola son productos con fuerte presencia en sectores populares, Wong la tiene en los niveles altos, cuya opinión en medios y corrientes de opinión puede influir más. Se les quitó un símbolo de peruanidad a los segmentos altos de la población de Lima. Lo más probable es que mientras sigan haciendo las cosas bien, todo vaya sin mayores problemas, pero también es cierto que cuando se presenten problemas los estereotipos aparecerán rápidamente para nublar el análisis de los hechos.