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El Perú frente a la democracia del caballazo

Por: Juan Paredes Castro |

El inamistoso comportamiento de Evo Morales ha motivado una respuesta diplomática peruana de guantes blancos, que, siendo correcta, podría ser confundida por el gobernante boliviano como una señal de debilidad.

Peor todavía: confundida de la misma manera por el presidente venezolano Hugo Chávez, que es quien guía los arrebatos de Morales contra el Perú.

Esto se ha hecho evidente en los últimos días, a propósito de la carta dirigida por el canciller José Antonio García Belaunde al secretario general de la OEA, cuyo contenido, lejos de emplazar de inmediato a Morales por su temeraria afirmación de la existencia de bases militares estadounidenses en el Perú, trata de cumplir con la inicial formalidad de reportar el hecho.

Por lo visto, Bolivia se ha mantenido esencialmente en sus trece no solo en el tono de sus declaraciones oficiales, sino en el papel desestabilizador que ha resuelto jugar contra el Perú en la carrera de este por implementar el TLC con EE.UU. y por suscribir otro similar con la Unión Europea.

Lo que está haciendo el Perú es graduar todos y cada uno de sus pasos políticos y diplomáticos respecto de las cada vez más complicadas relaciones con Bolivia, de modo de no asumir ningún pasivo que suponga, por decirlo así, el riesgo de apresurar decisiones que podrían adoptarse más acertadamente y con mejores resultados.

Ocurre, sin embargo, que las medidas adoptadas hasta hoy, como el llamado en consulta de nuestro embajador en La Paz, Fernando Rojas, los desmentidos puntuales del presidente Alan García y las comunicaciones prudentes de García Belaunde, todas inscritas dentro de lo que llamamos una diplomacia de guantes blancos, no chocan necesariamente con La Paz, sino con Caracas, es decir con la diplomacia del caballazo, que viene de Hugo Chávez.

De ahí que cuando nuestra cancillería habla de la necesidad de revisar nuestras relaciones con Bolivia tiene que pensar también en la necesidad de revisar nuestras relaciones con Venezuela, a la luz de que el grave conflicto que hoy tenemos en la CAN es generado en un 80% por Hugo Chávez y apenas en un 20% por Evo Morales.

Bueno, pues. Llevemos adelante nuestra diplomacia de guantes blancos con Bolivia, hasta donde ella resista. Pero no caigamos en la ingenuidad de cargar las consecuencias presentes y futuras de una diplomacia chavista del caballazo, que tiene nombre propio y objetivos muy definidos, con un blanco político perfecto: el Perú del 2011.

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