Tener una vivienda propia supone un gran sacrificio para las cabezas de familia, porque se trata de la mejor inversión a largo plazo en beneficio de los seres queridos y, como si fuera poco, una manera de consolidar la unión grupal.
Materializar este sueño ha tenido un gran impulso --hay que reconocerlo-- gracias a diversos programas de los últimos gobiernos democráticos. Sin embargo, el reto sigue siendo enorme. Lo bueno es que cada vez crece el interés del Estado para que las personas conozcan cómo acceder a estos planes y, sobre todo, cuáles son los que más les convienen.
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