KABUL [DPA]. Debía ser un día alegre, pero terminó en un baño de sangre. No fueron combatientes talibanes sino los invitados a una boda los que fueron bombardeados en un ataque aéreo de Estados Unidos el domingo pasado en Nangarhar, al este de Afganistán. A ese resultado llegó una comisión investigadora nombrada por el presidente Hamid Karzai.
Cuarenta y siete civiles, entre ellos 39 niños y mujeres, perecieron, informó ayer el jefe de la comisión, Burhanullah Shinwari.
Las tropas de la coalición liderada por EE.UU. comunicaron que en Nangarhar habían sido bombardeados los extremistas. Pero tras la investigación, ningún afgano les cree.
La credibilidad de los estadounidenses --y de otros países con tropas en Afganistán-- está debilitada tras numerosas operaciones militares en las que perdieron la vida inocentes. Si las investigaciones de la comisión están en lo cierto, este ataque sería uno de los casos más graves con víctimas civiles desde la caída de los talibanes hace seis años y medio.
Hasta mediados de mayo de este año, unos 500 civiles fueron víctimas del conflicto en Afganistán, según el informador especial independiente de la ONU, Philip Alston.