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UNA NUEVA DIMENSIÓN PARA UN TEMA ENVEJECIDO

Dos niños adulterados

Por Alfredo Bushby

Cuando todo indicaba que ya nada nuevo podía brotar del tema del impacto-de-la-nueva-tecnología-sobre-nuestra-juventud, cuando parecía que las artes (y las letras) ya habían agotado sus alarmas o aplausos sobre las consecuencias (apocalípticas o de las otras) del imperio de la WWW, la CNN, el DVD y el MSN (entre otras siglas), resultó gratificante ver cómo el grupo CUER2 abordó el ya envejecido tema con inteligente novedad en el montaje de su obra "Interruptor". La obra, con la dirección y dramaturgia de Roberto Sánchez-Piérola y las actuaciones de José Luis Urteaga y Roly Dávila, ya se ha presentado en el Colegio Newton, en el VI Festival Internacional de Acciones Escénicas de Comas y en el Centro Cultural de España; y el grupo sigue planificando su circuito de representaciones.

Más que una trama, "Interruptor" nos presenta el corte transversal de una situación tan insostenible como inevitable. Dos niños -que bien pueden ser amigos, hermanos y hasta un mismo personaje escindido- tratan de acercarse mutuamente y, en su intento, se ven interrumpidos por distintas formas de medios de comunicación y por la aparición de unos misteriosos "ellos". Cuando los personajes notan que "ahí están", se ven forzados a asumir o a sufrir la presencia de otros personajes: un hombre adulto que habla simultáneamente por celular y con una persona presente, un muchacho que sólo puede proferir palabras como "habla", "fácil", "puta on" o un par de señoras cuya ignorancia e indolencia hacen la comunicación tan absurda como la del adulto del celular o el muchacho del "chévere". Cuando los niños notan que "ya no están", vuelven a sus esfuerzos por conseguir algún tipo de contacto personal. Por momentos, la pieza se fragmenta en pasajes de las "noticias" -que se hacen paulatinamente más ridículas- de la única torre de transmisión de noticias del mundo del universo de "Interruptor": un pedido o deseo de las señoras "para no tener que pensar quién dice la verdad y quién miente".

En este esfuerzo, destaca el trabajo corporal de los actores que representan desde la desgarradora "lobotomía" de un televidente cuyos movimientos se pueden controlar con un "clic" hasta la hilarante parodia de las dos señoras que conversan sobre el "global warming".

UN "CUAJO" INTELECTUAL
Como en otras obras de Sánchez-Piérola, uno de los logros de "Interruptor" es conseguir presentar teorías académicas contemporáneas en una obra de arte con una vitalidad sale más "del cuajo" que de un proceso de reflexión cerebral. Pero este "cuajo" es consecuencia de inteligentes reflexiones sobre la obra de Foucault, Derrida y algunos lacanianos (sólo por nombrar a los más visibles). "Interruptor" es una obra intelectual, pero tiene el mérito de hacer ese intelectualismo casi imperceptible.

Nos preocupan mucho más los esfuerzos -tal vez, inútiles- de los niños por salir de la vorágine de medios de comunicación que la idea sobre el poder del "panóptico" de Foucault o la noción del Otro lacaniano que aparece y desaparece en la forma de un "ellos". Nos cautiva la angustia de los protagonistas por qué hacer con tanta información, su ingenuidad al tratar de entender por qué es tan importante la vida de Britney o por entender qué significa "violes" cuando desde la pantalla se escuchan sonidos de violación. Su candor frente a la naturaleza el poder es el nuestro, la adulteración de la información que sufren es la de todos, más allá de lo que diga al respecto (digamos, por seguir la moda) Zizek.

Lo intelectual es desmenuzado, digerido y devuelto en un "cuajo" tan estético como académico. La obra se abre y se cierra con la declamación de sendos textos de ensayo intelectual; el primero, sobre la información; el segundo sobre el poder. Los actores los recitan desde los asientos del público, a contrapunto; y, así, sus ritmos y pausas le dan al texto "ilustrado" una dimensión de prevención y admonición casi musicales.

CIRCUITO ABIERTO
Tal vez, por principio, tal vez, por necesidad, Sánchez-Piérola y CUER2, con "Interruptor" y obras anteriores, evitan los circuitos clásicos de puesta en escena limeños. Optan más bien por colegios, universidades, plazas, espacios públicos o privados no específicamente teatrales: dos o tres funciones aquí, dos o tres allá; y quiebran, con este movimiento constante, el tradicional concepto de la "temporada teatral".

Sus montajes pretenden estar dirigidos al universo limeño; no le hacen ascos a La Molina, a Comas o al Centro. De alguna forma, el corte transversal que nos presenta "Interruptor", la verdad y la parodia de sus situaciones, pueden dejar pensando a cualquier sujeto contemporáneo. Y digo "sujeto" porque, eso sí, hay que estar atentos: la obra exige un esfuerzo (tal vez, mínimo, pero esfuerzo al fin) del receptor. El que quiera reclinarse en su asiento sólo a recibir más "bytes" digeridos pierde.

Por lo pronto, continuando con este circuito abierto, "Interruptor" se presentará los sábados 12 y 19 de julio a las 8 p.m. en El Averno del Jirón Quilca.

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