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HABLE CON ELLA

Habla el cuerpo

Por Marcela Robles

Los miembros de la tribu no le entendían una sola palabra al desconcertado científico alemán que la había descubierto, a pesar de tratarse de una cultura cuya lengua había estudiado exhaustivamente. Finalmente se resolvió el enigma. El científico, que no era muy expresivo, hablaba bien el idioma, pero no movía ni un músculo al hacerlo, mientras que para los nativos los movimientos de los brazos y los gestos resultaban fundamentales para expresarse.

Sí, pues, el cuerpo habla. El lenguaje corporal es una forma de comunicación asociada a las palabras, o utilizada en reemplazo de ellas, y dice mucho más de lo que pensamos, e incluso contradice al verbo. Esta categoría, analizada por la paralingüística, forma parte del estudio de la comunicación humana, interesada en los elementos que acompañan a las emisiones propiamente lingüísticas. Señales o indicios no verbales que contextualizan, aclaran o sugieren interpretaciones particulares de la información que se comparte. Eso sí, esto implica un código aprendido, ya que los esquimales, por ejemplo, no utilizan las mismas variantes sonoras o gestuales que los hispanohablantes para expresar el asombro, la rabia o el deseo. Unos se agarrarán la nariz, otros se rascarán la cabeza, otros se alisarán el pelo. Un gesto típico "que habla" son los famosos brazos cruzados sobre el pecho, que generalmente indican una actitud defensiva, o cierta manera de protegerse,

Haciendo un breve paréntesis, recuerdo haber visto en el zoológico de Nueva York a dos gorilas en su jaula haciendo el amor. El grupo que los contemplaba tenía diversas actitudes: unos miraban de reojo, otros emitían risitas nerviosas, algunos padres se llevaban a sus hijos, y el resto estábamos hipnotizados. Había cierta bella plasticidad en el encuentro. El macho arremetía contra la hembra suavemente, mientras ella yacía con aire de complacencia, pero parecía ausente, y movía los brazos y la cabeza como distraída. No emitieron un solo sonido.

Volviendo al homo sapiens, y en busca de estas verdades, el reconocido filósofo y psicólogo estadounidense Eugene T. Gendlin se dedicó a grabar y analizar cientos de sesiones psicoterapéuticas. Con el tiempo comprobó que cuando las personas prestan especial atención a sus sensaciones corporales y las relacionan con sus problemas consiguen una mejoría significativa y duradera. Mientras que en los tratamientos definidos por lo intelectual los cambios positivos son menores.

Tiene lógica, ha afirmado Gendlin: "Si el cuerpo es al mismo tiempo el ser de superficie, la osamenta y la sustancia que da profundidad a la persona viva, ¿por qué no aprender a reconocer todas las emociones sabiamente disfrazadas y maquilladas bajo esa arquitectura visible?"

Así fue como surgió el proceso de enfoque corporal o 'focusing', un recurso terapéutico que ayuda a comprender los sentimientos, aspiraciones, ideas, recuerdos y hasta el significado de la historia personal, a partir de las sensaciones físicas, en el aquí y ahora. Habilidad que se habría perdido por mandatos de la cultura occidental, y la tendencia a la racionalización. Sábato lo dijo: "Nuestra cultura occidental, desde Sócrates para acá, dio una importancia capital a la razón, olvidando que apenas sirve para la lógica y las matemáticas". Y nosotros, como el personaje del "patológico", nos empeñamos en encontrar el sentido de la vida mediante la cabezota.

El asunto sería brindar atención a nuestro cuerpo de una manera gentil, con aceptación. Como expresó Carlo Goldoni, cuya obra "El mentiroso" se estrenó precisamente ayer en Lima: "El mundo es un libro maravilloso, pero de poca utilidad para aquel que no sabe leer''. Habrá que aprender.

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