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"La consagración de la primavera" fue todo un logro de la Sinfónica

Por José Quezada Macchiavello

Después de meses ensayando y tocando en un lugar inadecuado, alejada además de "su público", la Orquesta Sinfónica Nacional retornó al auditorio Los Incas del Museo de la Nación, que mal que bien es la mejor opción que tiene para realizar sus actividades. Este alejamiento explica por qué no produjo sala llena una fórmula como Carmen Moral y "La consagración de la primavera", de Stravinski.

La OSN ha abordado en tres oportunidades "La consagración de la primavera", dos veces bajo la batuta de Leopoldo La Rosa y la tercera, a la que nos referimos, bajo la dirección de la prestigiosa maestra peruana Carmen Moral. Esta última ha sido la mejor en términos técnicos y artísticos.

Esta partitura es de suma dificultad, mejor dicho, engloba muchas dificultades en términos de ejecución --especialmente para los vientos de madera--, de ensamblaje (por la métrica y los ritmos complejos) y en consecuencia es todo un reto en el marcaje para un director, que tiene que poseer una técnica muy solvente, gran carácter y nervios de acero.

Carmen Moral posee las aptitudes para abordar esta obra y otras de gran dificultad, como lo ha hecho a lo largo de su carrera. Sin embargo, creo que para "Le Sacre" se requiere siempre mucho más de los cinco ensayos habituales. Se conoce de algunas puestas por orquestas de primer nivel, para las cuales directores de primer orden han exigido hasta veinte ensayos. Sería deseable que la OSN trabajara más esta versión y la volviera a ofrecer, además en condiciones de márketing más adecuadas.

No es el caso de entrar en detalle y señalar las imprecisiones rítmicas o de cuenta de compases que tuvo hasta la propia directora. O los problemas de calidad de sonido que se presentaron en algunos de los vientos de madera y metal. La versión de "Le Sacre" ofrecida por la OSN fue en términos generales todo un logro encomiable. La OSN demuestra su capacidad de remontar situaciones tan adversas y quizá la peor gestión a la que la somete el INC.

Pero me parece que el programa no estuvo bien estructurado. No me refiero a "Tizgane" para violín y orquesta de Ravel, que ejecutó muy bien como solista el violinista alemán Carl Jaspers, sino al "Concierto de Varsovia", de Addinsell, que tuvo a la pianista japonesa Tamaki Takeda como solista.

No un concierto sino una breve rapsodia, el denominado "Concierto de Varsovia" goza aún de popularidad, no tanta como la que tenía desde su aparición en 1941 hasta los años sesenta del siglo pasado. Proviene de aquel cine de guerra coyuntural y sentimental y sus temas, alguno sin duda inspirado, son tributarios de Rachmaninoff, que se negó a que sus obras se utilizaran en la película y más aún a componer algo para esta. Las melodías de Addinsell --que no es siquiera el autor de la orquestación-- parecen, sin serlo, temas que el gran compositor posromántico ruso habría desechado.

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