ATENCIÓN. En menores de 2 años
No hay duda de que las radiografías son una excelente herramienta de diagnóstico. Pero se deben usar solo en los casos estrictamente necesarios.
Lamentablemente, apenas se produce un resfrío severo en un niño (lo cual es común y no debe preocupar demasiado), los padres piden una radiografía de tórax. De esta forma, en el invierno los radiólogos tienen más trabajo del que deberían.
"Lo que no saben estos padres es que basta una radiografía para que una pequeña cantidad de rayos X atraviese el cuerpo y pueda ocasionar daño celular. La mayor parte de este daño se arregla rápido, pero otra parte es permanente y existe la posibilidad de que desencadene un cáncer", advierte el doctor Carlos Hinojosa Llerena, presidente de la Sociedad Peruana de Inmunología y Alergia.
PARA QUÉ ES BUENA
En realidad, una radiografía debería indicarse solo cuando se tiene la seguridad de que va a aportar información relevante para el diagnóstico. "Incluso para procesos asmatiformes hay otras pruebas que pueden dar la información suficiente, como la estirometría o la flujometría. En el caso de males respiratorios, la radiografía solo se usa cuando se sospecha de una infección severa, como neumonía", sostiene el doctor Javier Acurio, del centro médico Pediatricka.
El tema es realmente serio, por eso incluso el "Journal of Pediatrics" publicó un estudio a fines del año pasado según el cual se estudió los casos de 262 niños que padecían bronquiolitis (una infección respiratoria muy frecuente entre los niños menores de 2 años) y encontraron que en solo dos de los casos las radiografías aportaron datos diferentes a los esperados.
Lo más grave del asunto es que precisamente los niños menores de 2 años son los más afectados por este tipo de pruebas, ya que sus órganos, su sistema nervioso, su médula espinal y todo su cuerpo están en formación. El mensaje debe ser claro para todos nuestros lectores: no exija a su médico una radiografía y, cuando él la prescriba, pregúntele si es absolutamente necesaria.
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