PRAGA. "Me he vuelto un enamorado de esa ciudad. Fui por cuestiones de trabajo, pero regresaría un millón de veces.
Es un lugar hermoso que felizmente está intacto, porque no lo llegó a bombardear Hitler durante la segunda guerra mundial.
El mayor atractivo son sus paisajes, el puente de San Carlos, que une a la ciudad vieja con la moderna, así como sus castillos que parecen de ensueño, como si se tratara de un cuento de hadas.
El castillo de Praga, por ejemplo, es alucinante, tanto o más que la Catedral de San Vito, que está al interior.
Ver los bohemios que adornan dicho paisaje es una experiencia única e inolvidable.
La gente es muy amistosa, educada para la atención al turista, por ello la atención es maravillosa.
Es más, cuando te conocen los checos son muy amables.
Pasear en crucero por el río Yalta es increíble, porque a la vez disfrutas el panorama.
Por otro lado, el cristal de Bohemia se encuentra más barato porque allí lo producen.
La vida nocturna también es buena. Praga no duerme nunca.
Definitivamente, planeo volver".