Por César Sarria Gomí
La visita a Machu Picchu es, probablemente, el punto central de la estadía en el Perú de cualquier turista extranjero. Y uno de los momentos cumbres de esta experiencia es el viaje en tren hacia la maravilla mundial. Existen varias opciones ferroviarias para llegar a Aguas Calientes, el destino previo al objetivo final. Sin embargo, hay un tren muy especial: el Hiram Bingham.
Considerado por la cadena estadounidense NBC en la lista de los diez mejores recorridos en tren de todo el mundo, la ruta que sigue el Hiram Bingham se inicia en la estación de Poroy, a 20 minutos del centro del Cusco, a la 9 de la mañana, y recorre por más de tres horas el hermoso y místico valle del Urubamba. A través de los enormes ventanales de los dos lujosos y cómodos vagones se puede apreciar de cerca la majestuosidad de los nevados andinos que adornan el recorrido.
Otro de los protagonistas de este viaje es la comida. Una serie de platos gourmet, que combinan los ingredientes típicos de la zona con técnicas culinarias vanguardistas desfila durante toda la travesía.
REGRESO A LA REALIDAD
La vuelta de Machu Picchu suele ser un viaje sumamente largo y pesado, debido a que las ansias por conocer las ruinas ya fueron satisfechas y por el cansancio acumulado. Sin embargo, el regreso en el Hiram Bingham es un momento mágico.
La noche ya cayó y no hay más paisajes que observar, así es como empieza la fiesta. Se abre el bar y un show de música peruana en vivo rompe gratamente la tranquilidad de la ruta. Luego de algunos pisco sour y un buen vals criollo, los visitantes se dejan llevar por la peruanidad y un mohín se percibe en más de uno cuando el tren anuncia su llegada a la estación de Poroy.
Hay que advertirlo, este servicio es bastante caro para el turista local. Quien desee compartir la experiencia que vivió hace un tiempo el millonario Bill Gates deberá desembolsar alrededor de US$540 que incluyen, además del viaje en el tren, los traslados a la estación de Poroy, la entrada a las ruinas y un refrigerio en el Machu Picchu Sanctuary Lodge.
En todo caso es un lujo que no tiene nada que envidiarle a las grandes rutas mundiales.