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El codiciado poder tras el trono en el Congreso

Por: Juan Paredes Castro |

De cara al 2011, que no es un año cualquiera, el Congreso se ha vuelto una poderosa fuente de costo-beneficio en la política y en los intereses propios.

De ahí que sean más los grupos políticos interesados en aceptar responsabilidades de segunda fila, por temor al desgaste, que aquellos otros que buscan mantenerse en primera fila como refuerzo del gobierno, que es el caso del Apra, o que no tienen nada que perder buscando posiciones altas, como Acción Popular y su candidato Víctor García Belaunde, sacado de la manga y con no pocas posibilidades de éxito.

Quienes desde un comienzo prefirieron alinear una estrategia política de poder tras el trono fueron el fujimorismo y el humalismo. Ello les ha permitido tener una importante presencia en las sucesivas vicepresidencias del Congreso mismo y en las presidencias y vicepresidencias de comisiones, con cero riesgo de responsabilidad política que vaya a afectar sus respectivos posesionamientos electorales hacia el 2011 y con importantes réditos para atravesar coyunturas de interés propio, como el juicio al ex presidente Alberto Fujimori y las acusaciones constitucionales que han tenido que sortear en sus cuadros parlamentarios, respectivamente.

Unidad Nacional piensa ahora de manera diferente que hace un año, cuando realmente le interesaba la presidencia del Congreso. Sus últimos debates internos parecen haberla llevado, más allá de sus desavenencias y desarticulaciones, al convencimiento de que ya no es su hora para postular a la presidencia. Se sumaría, así, al fujimorismo y al humalismo, como otro violín de segunda fila en la próxima Mesa Directiva.

Estamos, pues, ante un Parlamento fragmentado que con madurez, inteligencia y sentido institucional hubiera podido cuajar una mejor dirección para cada legislatura. Se ha dejado vencer por los apetitos subalternos y los intereses personales y ha terminado en lo que es: una apuesta política a la nada.

La elección de su Mesa Directiva va a rellenar simplemente un rito de cambio de legislatura.

Esta es una demostración de por qué la presidencia del Congreso ha llegado a no interesar de verdad a nadie y por qué solo el Apra y Ación Popular se han puesto en la carrera de conseguirla.

El Apra porque necesita políticamente de ese cargo en su condición de partido de gobierno. AP porque en su suerte de barajas no pierde nada. Es más: vista la compulsión de fuerzas, su candidato podría tener las de ganar con los votos de quienes han decidido, como avestruces, enterrar la cabeza: el fujimorismo y el humalismo.

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