Por Hugo Guerra
A punto de cumplirse el segundo año de gobierno aprista a usted le pasará, como a mí, querido lector, que por un lado mira con honda satisfacción lo avanzado en la economía, pero siente, al mismo tiempo, que crece la tensión social.
Tras la reiterada calificación como país con poco riesgo para la inversión internacional; con un PBI que se expande en 8% anual; y con pobreza y desempleo decrecientes, somos paradigma de desarrollo en Latinoamérica, pese a la crisis estadounidense, la especulación petrolera, el encarecimiento alimentario mundial y el nerviosismo en la cotización de los minerales.
El éxito es del presidente García, quien ha sabido potenciar un modelo ya estabilizado por Toledo, sin caer en los tan temidos populismos.
No obstante, las advertencias sobre un recalentamiento por el consumismo acelerado y el rebrote inflacionario exigen promover más la competitividad del país y del sector privado. Para eso se necesita profundizar la reforma del Estado, consolidar la legislación laboral, fortalecer la inversión en infraestructura, ampliar las privatizaciones y concesiones, y apurar la tan demorada reforma judicial.
Están pendientes, además, siete retos medulares: primero, abortar el complot de la izquierda neomarxista que, junto a sus vínculos internacionales y su alianza con el narcotráfico, pretende romper el Estado social de derecho. Para ello, aparte de fortalecer la PNP, se debe atender los estentóreos pedidos de las FF.AA. donde se está sumando peligrosamente la insatisfacción del personal a la precariedad de los equipos de defensa.
Segundo, revisar integralmen-te el esquema de una regionalización que tiene éxitos aislados, pero que al adolecer de incompetencias profundas en pleno auge de recursos económicos, potencia el conflicto político. Hay casos puntuales como el de Puno y Áncash, donde la confrontación presidencial resulta justa, pero no debe generalizarse el espíritu de controversia donde el diálogo es fecundo, como lo demuestra Yehude Simon en Lambayeque.
Tercero, incorporar el mercado a las comunidades andinas y selváticas para impedir que el TLC con EE.UU. se quede como fomento único de la costa. El plan Sierra Exportadora, por ejemplo, requiere un relanzamiento.
Cuarto, amenguar el fenómeno de una oposición caótica, para lo que debe acabarse con los francotiradores dentro de la bancada parlamentaria del Apra, abriendo, además, una concertación programática con todos, menos con el sector más rabioso del nacionalismo. Otro relanzamiento pendiente es el del Acuerdo Nacional.
Quinto, ampliar la inversión social, porque más allá de cualquier tecnicismo es inhumano pedirle a millones de compatriotas que esperen el chorreo de la bonanza macroeconómica cuando no tienen cómo alimentarse y no cuentan con hospitales decentes.
Sexto, reentrenar a la burocracia permanente del Estado, porque es en su indolencia e incapacidad donde se engendra gran parte de la tensión social.
Séptimo, replantear el esquema comunicacional de un gobierno que no sabe cómo divulgar sus logros, mientras cultiva una equivocada imagen de dureza y hasta de soberbia que encabrita a vastos sectores ciudadanos.