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SOÑANDO FÚTBOL

Periodista de antes, de siempre

Un retrato de El Veco, auténtico galáctico del periodismo deportivo actual

Por Jorge Barraza. Cronista deportivo

El repiqueteo de las viejas Remington negras presidiendo la escenografía sobre simples mesas cuadradas, pocillos de café, el humo del cigarrillo corrompiendo el aire, lámparas de luz amarillenta, muebles marrones oscuros, teléfonos negros enormes, las sábanas de cables con las últimas informaciones, papeles pegados a las paredes con recordatorios y notificaciones, camisas blancas, corbatitas finas oscuras. Era el ambiente de las viejas redacciones, donde los pioneros inventaban el periodismo en base a sabiduría empírica.

Uno llegaba de muchacho, le daban el saludo, un par de indicaciones y lo mandaban a ganar la calle, a buscar la noticia. O a crearla. ¿Pero qué hago, maestro? "Usted mire bien, escuche, anote todo lo que vea y después venga y lo escribe" era la sencilla recomendación. Era la fragua donde se horneaban los cronistas jóvenes que serían con los años jefes de página.

En ese ambiente se formó Emilio Lafferranderie El Veco, quien a los 76 años sigue siendo un número uno total del periodismo sudamericano. Desde el micrófono de Radioprogramas del Perú destila toda su chispa, su sabiduría y el oficio periodístico, aprendido en aquellas aulas donde el devenir cotidiano dictaba cátedra.

Le preguntamos al Veco cómo ve el periodismo actual. "Mejor --dice--. El apoyo de Internet lo robustece. Oprimir una tecla y casi todo al alcance. Me agradan los buenos escritores, me desagradan los obsesos de lo negativo, buscadores desesperados del escándalo diario".

Periodista de oficio; antaño no había escuelas ni universidades específicas. A pesar de ello, ¿por qué los periodistas de antes eran más elegantes en el lenguaje, estaban mejor pertrechados culturalmente que los de ahora?, inquirimos. "Sigo escribiendo con dos dedos, como cuando la Olivetti, empírico total. Éramos universitarios, quizás leíamos más a los grandes escritores, paso fundamental. Nos regábamos y las frases salían más sueltas, las metáforas asomaban".

El Veco es un crack de tres banderas: nació y adquirió su sólida formación en Uruguay, brilló durante 20 años en Argentina, donde conoció a su esposa y nacieron sus hijos, y finalmente recaló en el Perú, medio que lo valora en su justa dimensión: un grande del periodismo deportivo.

La mayoría de los jóvenes busca recetas, claves, secretos para ser buen periodista. ¿Existen? "No creo que existan como un catálogo. Hay lecciones, pero cada quien las tiene que ir descubriendo. La mejor lección de periodismo que recibí en mi vida me la dio don Constancio C. Vigil, el fundador de 'El Gráfico': Él decía: Si una nota no provoca una sonrisa, no suscita una lágrima o no genera una discusión, esa nota no sirve para nada. Un periodista debe generar algún tipo de sentimiento".

Hoy está volcado principalmente a la radio, pero no deja la palabra escrita; humedece con su tinta fresca las páginas de El Comercio. "Soy un convencido de que un diario es la base de todo. Es el medio que más enseña. Todos debieran pasar por uno".

En su libro "Oído a la música", editado en 1996, deja ver su sensibilidad literaria en la descripción de lugares, sucesos y personajes. Y dispara frases redondas, contundentes, sobre la tarea del hombre de prensa. "Todas las coberturas son importantes", asegura. "Y el peor pecado de un periodista es la desinformación". Arroja otra: "No creo en los periodistas con horario, este es un oficio de todo el día".

Hacia el final deja otra sentencia: "Para que las cosas funcionen hay que tener sensibilidad. Hay muchos que no son sensibles, no captan. Y ese ya es otro problema, tal vez este no sea su oficio".

Desde Chile 62 hasta Alemania 2006, cubrió diez mundiales. "Aquel de Chile fue un mundial casero, muy sencillo, nada que ver con el despliegue tecnológico, de dinero y de gente que se hace hoy en cada copa", recuerda El Veco, estrella en los años dorados de "El Gráfico".

¿Cómo enviaban el material periodístico?, preguntamos. "No había télex todavía, escribíamos en esas viejas Remington negras, juntábamos las notas y las enviábamos por avión en un sobre. Era lo más rápido". Tampoco había televisión (empezó en 1970 en los mundiales). "Recuerdo que un tal Frederici, de Argentina, filmaba los partidos. Por la noche, ponía la cinta en una lata y se subía a un avioncito Cessna, cruzaba la cordillera y lo llevaba hasta Mendoza. De allí lo mandaba a Buenos Aires en un vuelo de Aerolíneas y al día siguiente se emitía por Canal 7. Una proeza".

Un placer departir con este obrero de la palabra y ser beneficiarios de su gracia y sus anécdotas. Si fuera futbolista, diríamos que vale 20 millones de dólares y lo pretende el Real Madrid.

Pero no se lo vendemos...

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