Por Susan Abad. Corresponsal
BOGOTÁ. Entre los familiares de los rehenes que marcharon por la avenida séptima de Bogotá se encontraban los cinco hijos de la pareja de más edad secuestrada por las FARC, Gerardo Angulo y su esposa Carmenza, cuando ambos tenían 68 años, cautivos desde hace ocho años. "Ellos estaban en su casita que tenían en La Calera, a 10 kilómetros de Bogotá, y de ahí los sacaron", cuenta a El Comercio su hijo Héctor. "A los días nos hicieron la exigencia: querían 800 millones de pesos (US$400 mil)".
Relata que, como no tenían todo el dinero, acordaron con los secuestradores pagar por una prueba de vida. "Le dimos una cantidad grande a un tal Bernardo, que se la entregaría a alias 'Silverio', que era jefe de finanzas del cabecilla del frente 57 de las FARC, un tal Flaminio, con tan mala suerte que, días después, el Ejército mató a Flaminio y nos quedamos sin saber si recibió el dinero".
El hijo dice que ya no recuerda las veces en las que se ha entrevistado con personas que dicen haber visto a sus padres y las incontables ocasiones en las que ha ido a sitios donde le dicen que están sus cuerpos. Añade que la pista más concreta es la de un guerrillero capturado hace seis años y que hoy busca los beneficios de la Ley de Justicia y Paz. Él les contó que a Gerardo y Carmenza los asesinaron las FARC en el 2002, meses después de secuestrarlos. Sin embargo, siguieron llamándolos, acordando citas en diferentes pueblos para tratar de buscar algo de ellos.
Durante los ocho años de secuestro, los hijos de Gerardo y Carmenza viajaron por distintos pueblos colombianos en busca de algún rastro que los condujera a los cautivos. Héctor cuenta que su padre tenía una pequeña industria electromecánica y piensa que se lo llevaron porque creían que tenía plata. "Yo perdono, porque qué más puedo hacer. Lo que nosotros buscamos es cerrar nuestro duelo. Que nos entreguen los cuerpos para terminar con este dolor".