Por Richard Webb
Cuando regresa la inflación, empieza la confusión. Se trastocan los valores aparentes y los reales, y se produce el fenómeno de la ilusión monetaria. Los empleados reciben más a fin de mes, pero el sueldo cada día compra menos. Los ahorristas creen hacer buen negocio con los intereses del banco, pero su ahorro se está evaporando con la inflación.
La inflación es un mundo de espejismos donde es fácil equivocarse, donde se avivan el engaño y el pensamiento paranoico, descolocando a la racionalidad y saboteando a la ciencia económica.
Los economistas le restan importancia al fenómeno, y James Tobin, ganador de un premio Nobel por sus avances en temas de economía financiera, sentenció que el peor pecado de un economista es suponer que existe la ilusión monetaria. Sin embargo, un cúmulo de estudios confirman la frecuencia de los errores de percepción, que todos conocemos por experiencia propia. Ciertamente, las confusiones pueden ser pasajeras, y con el tiempo se imponen las leyes racionales de la economía, pero, en el entretanto, la ilusión monetaria produce distorsiones, como se empieza a evidenciar en el Perú.
Pocos ahorristas, por ejemplo, se imaginaron que los intereses que iban a recibir por sus depósitos de soles durante el año pasado resultarían ficticios. Los bancos ofrecían atractivas tasas de interés, entre 3% y 5%, pero la inflación resultó siendo 5,7% por lo que la mayoría de los ahorristas cerró el año con menos dinero del que tuvieron al inicio. A pesar de esa experiencia, el público aún no percibe que el ahorro bancario se ha vuelto un negocio dudoso.
No tomar en cuenta la inflación también conduce a error, cuando se evalúa el efecto de la bonanza sobre los ingresos laborales. Según las estadísticas oficiales, el ingreso laboral habría aumentado 26% en los últimos cinco años. Sin embargo, si se tiene en cuenta que en ese período el costo de vida se elevó en 15%, la verdadera mejora salarial real resulta ser de 10%, cifra respetable pero lejos de ser un milagro económico. En las fábricas, el salario aumentó 16%, pero la mejora desaparece cuando se descuenta la inflación, siendo apenas de 1% en cinco años.
Una tercera confusión concierne a la elevación de los precios de los alimentos en todo el mundo, al decir que han alcanzado "un máximo histórico". Pero si bien el aumento fue grande y repentino, cuando se deduce la inflación histórica se descubre que, en casi todos los casos, el 'alto' precio actual es menor a los de las últimas tres o cuatro décadas.
Un cuarto ejemplo de la confusión que resulta cuando no se toma en cuenta la inflación se refiere a la tasa de interés de referencia que fija el BCR, que sirve de regulador principal de la inflación.
La preocupación por la tendencia alcista de los precios ha llevado a que el BCR aumente la mencionada tasa de interés cinco veces en apenas un año, desde un nivel de 4,5 % a 6%.
Esa elevación ha sido descrita como una medida contundente para evitar que la inflación se descontrole. Sin embargo, el verdadero valor de esa tasa no ha aumentado sino que se ha reducido durante el año, por efecto de la mayor inflación. En términos reales, la tasa de referencia ha bajado de 4%, hace un año, a solo 0,3 % hoy. En vez de pisar el freno, el BCR habría levantado el pie, dando la impresión de que el mismo regulador oficial de la inflación ha sido víctima de la ilusión monetaria.