RÍO DE JANEIRO. "En el año 86, cuando tenía dos años tocando, quedé cautivada por su lenguaje, su gente, su musicalidad. Siento que su música está en un registro celular, va más allá en cuanto a composición, poesía. Yo tenía una fascinación por su música desde muy niña. Entiendo el portugués, pero no lo hablo tanto. He hecho muchas amistades allá. Los músicos del Centro de Pesquisas del Folclor, por ejemplo, que cuando escucharon el cajón no creían que el sonido saliera de esa caja. En muchas sesiones, tocando el festejo, me hablaban de su religiosidad, de Iemanjá, diosa del mar, y me comparaban con ella. Fue realmente un honor. Me invitaron a pasar el carnaval. Fui con mi familia, me escapé y encontré un local. Les ofrecí mi show y me aceptaron. A los tres meses ya estaba tocando. Tuve tanto éxito que regresé al año a seguir con la gira. En mi espectáculo "Mano Madera" he llevado algunos instrumentos de Brasil como el timbal bayano, zurdos brasileños y el tamtam. La música brasileña me fluye de manera natural. Recomendaría tomarse el tiempo, respirar, estar allí".