Por Mónica Villalobos
Cuando Miki González impuso su "Liberaron a Mandela", el contagiante ritmo era siempre bienvenido. Pero la letra, si bien reflejaba un momento clave en la historia reciente de la humanidad, no despertaba mayor emoción en quienes andábamos ocupados en sobrevivir los difíciles años noventa. Escucharla dos décadas después, mientras el ferry atraviesa los 12 kilómetros que separan la fascinante Cape Town de Robben Island, cobra nuevo sentido.
Tras media hora de viaje, desembarcamos en una isla que, de no ser por su trágica historia, invitaría a disfrutar de sus playas. Minutos más tarde, desde una minúscula celda, uno se pregunta qué habría sentido Nelson Mandela cada verano, encerrado en un lugar tan encantador y espantoso a la vez.
CANTERA DEL DIABLO
Si bien Robben Island --isla de las focas en holandés-- funcionó como prisión desde el siglo XVII y siempre se destinó a los presos a las canteras de cal, fue entre las décadas del 60 al 80 que estas cobraron terrible fama como escenario del trabajo forzado para prisioneros políticos. La luz y el calor implacables en verano, y la humedad y el frío en invierno, hacían de ellas un espacio extremadamente inhóspito. Sin embargo, es gracias a esta actividad que los prisioneros tenían constantes oportunidades de comunicación, las cuales fueron aprovechadas para que los reclusos más instruidos enseñaran a los otros. La cárcel eventualmente se hizo conocida como la universidad de la lucha liberadora, gracias a las imprescindibles lecciones de política y de historia impartidas entre sus confines.
UN LARGO CAMINO
El guía es siempre un ex recluso, lo que aquí significa un veterano de la lucha. Las paredes no hablan pero él es elocuente. Algunas heridas siempre permanecerán abiertas.
"Long Walk to Freedom", la autobiografía de Mandela, dedica dos largos capítulos a la isla y es en ellos donde uno realmente entiende el calibre de este líder. Esos años están poblados de reflexión, organización, apoyo mutuo. Los ambientes están impregnados de la historia viva de un grupo de seres humanos, guiados por una mente lúcida y un espíritu inquebrantable, destinados a demostrarle al mundo que no se puede privar al hombre del supremo valor de la libertad.
Los cuerpos tras las rejas, las mentes volando alto. Estos hombres escribirían uno de los capítulos más trascendentes de la historia de Sudáfrica de una forma milagrosa. Gran parte del milagro se gestó aquí.
TAN CERCA, TAN LEJOS
Desde la isla se divisa Table Mountain, la tarjeta postal de Cape Town. Cuántas veces la habrá contemplado Mandela desde su encierro, tan inalcanzable. Cuántas veces el mar lo habrá golpeado con la conciencia de sentirse bendecido por la naturaleza y maldito por los hombres. Cuántas veces habrá soñado con un barco que anuncia la caída del régimen, solo para despertar decepcionado de la humanidad.
PERO NUNCA VENCIDO
Durante 400 años Robben Island fue hogar de revoltosos, desterrados, renegados. Durante el 'apartheid' sirvió para aislar a sus oponentes y quebrar su moral. Sus involuntarios habitantes, sin embargo, lograron convertir la isla del infierno en un símbolo de liberación. Hoy representa el triunfo del espíritu humano ante la adversidad.
UNA HISTORIA EJEMPLAR
"Me fue asignada una celda al principio del corredor. Daba al patio y tenía una pequeña ventana a la altura de los ojos. Podía recorrer mi celda entera en tres pasos. Si me echaba en el piso, podía sentir la pared con mis pies en un lado y con mi cabeza en el otro. El ancho era de aproximadamente 6 pies y las paredes tenían por lo menos 2 pies de espesor. Cada celda tenía una tarjeta blanca colgada en la entrada con nuestro nombre y nuestro número de prisionero. El mío decía: 'N. Mandela 466/64, lo que significaba que yo era el prisionero número 466 admitido en la isla en el año de 1964. Tenía entonces 46 años y era un prisionero político con sentencia de por vida y no sabía por cuánto tiempo ese pequeño y opresivo espacio iba a ser mi hogar".
4 ("Long Walk To Freedom", Nelson Mandela)
LA VISITA
Duración: El ferry tarda media hora. El tour completo, aproximadamente 3 horas y media.
Frecuencia: El ferry parte a las 9 y 10 a.m., 12 m, 1, 2 y 3 p.m. del V&A Waterfront, Cape Town.
Acceso: El boleto se compra en el Nelson Mandela Gateway, en el Waterfront, pero en verano hay que reservarlo antes. Cuesta R150 (aproximadamente S/.70) adultos y R75 niños.