Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

La confianza indispensable

Rincón del autor. Los 187 años de experiencia republicana han sido esencialmente frustrantes. Hoy, en pleno despegue económico, necesitamos recuperar la confianza en el Estado

Por Hugo Guerra

Ávido lector, "Caretas" publicó anteayer un estupendo análisis sobre "La resistencia peruana al optimismo", enfoque con el cual coincido, pero agregaría otro aspecto medular: la urgente necesidad de los peruanos de recuperar la confianza en el Estado.

La revista propone que tras 35 meses de crecimiento económico estamos ante un nuevo umbral de desarrollo, aunque persiste la inquietud de saber si con ello "¿se salvó el Perú?".

Se ensaya una respuesta a través del psicólogo Roberto Lerner, quien demuestra cómo, a desgaire de los avances materiales, y pese a que sí creemos en la superación y el bienestar, los peruanos somos infelices. Por ejemplo, nos reconocemos como ciudadanos más por indicadores externos, como el tener un DNI, sin asumir una plena identidad.

El optimismo y la felicidad vinculados a la política y al desarrollo son fundamentales. La Constitución estadounidense plantea que la democracia tiene como fin alcanzar la felicidad de los ciudadanos. Castilla en el siglo XIX y Belaunde en el siglo XX aludían a ese principio en sus discursos. En Chile hace poco se hizo un amplio estudio sobre felicidad y desarrollo. Y hoy Alan García se desespera porque no entiende cómo si vamos tan bien en el promedio macroeconómico, al mismo tiempo estamos tan mal emocionalmente.

La insatisfacción enraizada en el alma nacional es fuente de perturbaciones sociales y conflictos políticos irracionales. Por eso es importantísimo hurgar en la psiquis nacional pero falta estudiar por qué en pleno despegue material se acelera el quiebre de los valores éticos y morales; por qué el individualismo, la iconoclastia, la atomización social y la pérdida del auténtico patriotismo amenazan a nuestra democracia.

La experiencia de 187 años de Estado republicano ha sido esencialmente frustrante: los poderes políticos y financieros no han consolidado un liderazgo social y cultural legítimo para un pueblo que no se percibe todavía como nación unitaria. Peor aún, la hipercorrupción montesinista induce a muchos a percibir al Estado como un ente rapaz e irrecuperable, gobernado por élites divorciadas del interés público.

Allí se origina la desconfianza en la autoridad misma. Allí fermenta, asimismo, el caldo de cultivo para propuestas radicales y violentistas como la marxista y la seudonacionalista.

La indolencia de la burocracia permanente, no necesariamente del gobierno actual, sumada al ánimo levantisco de un pueblo agobiado ancestralmente, más la agitación extremista (no compensada por los perezosos partidos democráticos) pueden inducir a la búsqueda colectiva de caudillos mesiánicos y modelos autoritarios que, pese a ser perniciosos, generen la ilusión de orden y confianza en un Estado nuevo.

En estas Fiestas Patrias el presidente tiene una especial oportunidad para reorientar su discurso social y psicologista: los peruanos --a diferencia de lo que viene sosteniendo-- no somos apocados; sí podemos buscar grandes metas e incluso ser optimistas. Pero, con el mismo énfasis que se pone en lo económico, necesitamos recuperar la confianza en la política, en el Estado y en las instituciones. Y usted, doctor García, puede encabezar esta verdadera revolución en democracia.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook