MUNDO
Por Mario Castro Ganoza. Corresponsal
TOKIO. El juicio por la muerte de un ingeniero japonés, cuya causa habría sido el exceso de trabajo, volvió a poner sobre el tapete lo que en el Japón se conoce como karoshi, enfermedad que, según fuentes no oficiales, afecta a unos 10.000 nipones al año.
Aunque el nombre del ingeniero, que laboraba para la transnacional Toyota, no fue dado a conocer, Mikio Mizuno, abogado que representa a la viuda ante los tribunales, dijo a la prensa que el hombre tenía 45 años, ninguna enfermedad conocida y trabajaba más de 80 horas extras al mes bajo una gran presión, ya que se encontraba desarrollando una versión híbrida de uno de los modelos de Toyota.
La muerte del ingeniero, que trabajaba todos los días hasta altas horas de la noche, e incluso los feriados y fines de semana, se produjo en enero del 2006.
Este no es el primer caso de muerte por karoshi que se registra en la firma Toyota. En el 2002, un empleado de 30 años se desplomó mientras trabajaba; su viuda, Hiroko Uchino, llevó el caso ante los tribunales y logró obtener una cuantiosa cifra, después de que su pedido fuese rechazado por las autoridades laborales.
TIPO DE MUERTE
Las muertes más comunes que ocasiona el karoshi son por hemorragia cerebral o insuficiencia cardíaca o respiratoria, las cuales aparecen de un momento a otro, aunque se van incubando debido a la fatiga y el estrés físico y mental por largas jornadas de trabajo. A todo ello se le debe sumar las largas distancias entre la vivienda y el lugar de trabajo. Distancias que, en promedio, superan los 120 minutos, si se suman los viajes de ida y vuelta en trenes completamente abarrotados.
Si bien el karoshi fue un mal que comenzó afectando a los trabajadores fabriles en la década del 70, actualmente son los ejecutivos, empleados de oficina y funcionarios públicos de entre 35 y 50 años los más atacados. Este mal no solo causa miles de muertes y suicidios al año, sino también pone en entredicho el llamado "milagro japonés", convirtiéndolo, según numerosas organizaciones de derechos humanos y defensa de los trabajadores, en simple sobreexplotación.
De acuerdo con el Consejo Nacional de Defensa de las Víctimas de Karoshi, las muertes ocurren en todo tipo de industrias, desde plantas de montaje de maquinarias y autos hasta empresas públicas, bancos y restaurantes. La entidad considera que hay que buscar la solución al problema en el sistema de trabajo japonés; y rechaza de forma tajante que las muertes se deban a descuidos o irresponsabilidad de los propios trabajadores.
El consejo basa su posición en un hecho bastante conocido en el ámbito local: es totalmente común que un trabajador japonés 'regale' muchísimas horas extras a su empresa, como una forma de agradecerle que lo haya contratado y para mantener el nivel de competitividad y desarrollo alcanzado por el país.
Inicialmente, el karoshi no fue reconocido como una enfermedad o consecuencia laboral, y solo la presión de organizaciones civiles y de los familiares de las víctimas logró que, desde 1987, el Ministerio de Trabajo comenzara a publicar estadísticas sobre el fenómeno. Ese mismo año, y ante las numerosas solicitudes de compensación, el ministerio aceptó reconocer lo que para ese momento ya era evidente: que los sistemas de trabajos por turnos semanales día/noche, la inmensa carga laboral, las horas extras 'voluntarias' y el estrés por la responsabilidad eran la causa de este tipo de muertes súbitas.
Actualmente, y para que los tribunales acepten una demanda por karoshi, la víctima debe haber trabajado por lo menos cien horas extras en el mes previo al colapso, mientras que cualquier accidente (automovilísticos, caídas, etc.) que el trabajador pueda sufrir como consecuencia de la fatiga es considerado karoshi, aun si este no se produce dentro del lugar de trabajo.
En otras palabras, si bien se creó una compensación para este tipo de muertes, obtener este beneficio es sumamente complicado. Existen reglas bastante específicas y estrictas, entre las que se incluye que la víctima haya trabajado 24 horas continuadas antes de su muerte, o un mínimo de 16 horas durante cada uno de los siete días anteriores al deceso.
El término karoshi no solo designa las muertes por sobrecarga laboral, sino también se aplica a las de personas que se suicidan debido al estrés, o que luego de sufrir un infarto o un derrame cerebral deben sufrir las secuelas de por vida.
Origen del fenómeno
El primer caso de karoshi que se registró fue reportado en 1969. Era un empleado que laboraba en la sección de embalaje de un periódico de gran tiraje; a pesar de sus 29 años, falleció de un ataque cardíaco luego de trabajar más de un mes sin descansar un solo día. El caso fue inicialmente llamado "muerte súbita ocupacional".
No fue hasta los últimos años de la década del 80, en pleno apogeo de la burbuja económica, que la prensa percibió el fenómeno debido a las numerosas muertes de ejecutivos y hombres de negocios de grandes empresas transnacionales, que comenzaron a fallecer sin aparentes causas previas de enfermedad.
Algunos especialistas señalan, entre otras razones, que las raíces del karoshi hay que buscarlas también en la globalización de la economía mundial, que afectó Japón desde inicios de los años 80. Porque, además de trabajar su jornada normal durante el día, por la diferencia de entre 10 y 14 horas con Occidente, los oficinistas y ejecutivos nipones tenían que permanecer despiertos hasta altas horas de la noche, o incluso toda la madrugada, para establecer contacto con los mercados de Estados Unidos y Europa, y al día siguiente estar, como siempre, en su puesto de trabajo.
CLAVES
4En 1994, la Agencia de Planificación Económica Japonesa del Instituto de Economía calculó que las muertes por karoshi significaban el 5% de todos los decesos causados por enfermedades cerebrovasculares y cardiovasculares en individuos comprendidos entre los 25 y los 59 años (1.000 casos).
4La Agencia Nacional de Policía indicó que en 1980 unas 919 personas se suicidaron debido a problemas laborales. La cifra aumentó a 1.624 en 1999.
4De los casos de karoshi que se producen al año, solo 500 o 600 reclaman compensaciones ante las autoridades laborales, y solo el 15% la obtiene (90 casos).