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CRÓNICA. CONTANTES Y SONANTES

La cara y el sello de la independencia

En 1822, un año después de la proclamación de la independencia, el libertador José de San Martín acuñó las que serían las primeras monedas de la historia republicana del país

Por Alberto Villar Campos

Era de esperarse que, con el advenimiento de la independencia, varias cosas cambiaran en la vida de los peruanos. Una de ellas, cómo no, sería el dinero, que casi instantáneamente se convirtió en el símbolo unánime de la libertad. La historia no miente: en 1822, la primera moneda que mandó a acuñar el libertador José de San Martín conservaba aún la denominación de un cuarto de real (que usó la corona española), pero no pasaría mucho tiempo antes de que, entre los peruanos, esta fuera sencillamente conocida como "libres".

La historia, sin embargo, no estuvo exenta de problemas. Rina Manche, especialista del Museo Numismático del Banco Central de Reserva del Perú --donde se guardan estas reliquias--, recuerda que la entonces incipiente República cayó en una de las peores crisis económicas de las que se tiene registro: varias minas del país quebraron y, con ello, la extracción de oro y plata disminuyó de forma dramática. San Martín, entonces, planteó una solución rápida: a falta de metales, en diciembre de 1821 se imprimieron los primeros billetes de cartón de 2 y 4 reales y 1 peso (equivalente a ocho reales).

Aunque ingeniosa, aquella idea traería consigo una práctica común hasta hoy. Manche señala que, paralelamente a los dos mil primeros billetes impresos de forma oficial en el país, otros tres mil vieron la luz de forma clandestina en la capital. Y no solo eso. Aunque el gobierno republicano declaró la obligatoria circulación de estos billetes --castigando con multas de diez veces el valor del mismo a quien se negara a recibirlos--, los peruanos decidieron no aceptar la novedad. A raíz de ello, una frase a la vez interesante y curiosa empezaría a circular por las calles del país: "Nosotros no queremos papel, queremos dinero contante (que se pueda contar) y sonante (que suene)".

Esta derrota llevó al Gobierno a solicitar la devolución de los billetes tan solo un año después de haberlos impreso. Y no pasaría mucho tiempo antes de que los cartones fueran incinerados. Estaba claro: El pueblo había hablado.

PARA NO PERDER AMÉRICA
Las anécdotas, sin embargo, no terminan allí. En junio de 1823, las fuerzas realistas del general Canterac ingresaron al Perú con el objetivo de recuperar el poder que España había perdido dos años atrás. Además de llevarse la maquinaria utilizada para acuñar monedas, el ejército invasor logró desviar el curso del río Huatica, con lo que se bloqueó el acceso a la energía que se necesitaba para fabricarlas.

En los meses que Canterac permaneció en el país, las monedas de un peso de la República --equivalentes a ocho reales y que llevaban impresas el primer escudo peruano, diseñado por San Martín-- fueron reselladas con la imagen de una corona que representaba al reino español. "Los españoles no se resignaban a perder América", cuenta Rina Manche. Hasta 1831, siete años después de que se sellara definitivamente la independencia de la colonia, estas monedas fueron utilizadas en nuestro país.

MONEDAS QUE VALEN UN PERÚ
El 14 de febrero de 1863 traería consigo un nuevo capítulo en la historia monetaria peruana. Con el objetivo de controlar el derroche que reinó en los dos periodos de gobierno de Ramón Castilla, el presidente de entonces, Miguel de San Román, creó el sol peruano y estableció, además, el cambio del sistema de ocho fracciones al decimal.

Rina Manche resalta que, debido a la calidad con que habían sido fabricadas estas monedas --opuestas a las confeccionadas con yunque y martillo en la época colonial: las famosas macuquinas, palabra que al parecer provenía del vocablo quechua 'makkakuna', que significa "las golpeadas"--, no fueron pocas las naciones que lograron introducirlas en sus territorios y resellarlas con sus escudos. A pesar de ello, la especialista refiere que los extranjeros aprendieron a valorar la virtud oculta. "Las personas las reconocían y decían: Esto vale un Perú", agrega.

Junto con la libra peruana --implantada en 1897 por Nicolás de Piérola y cuyo valor se asemejaba a la poderosa libra esterlina de aquel entonces-- y el inti --creado en los últimos meses del segundo gobierno de Fernando Belaunde para combatir la inflación--, las monedas de la República se han erigido como el inconfundible reflejo de un pueblo que, a medio camino, entre las lágrimas y las sonrisas, ha sabido sortear los embates que trajo consigo la democracia. Es cierto: estas monedas valen un Perú.

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