Por Nelly Luna Amancio
La historia del Perú está escrita con negociaciones, coaliciones y pactos infames. Como si se tratara de un poderoso imán, el poder atrae y une a especies políticas muchas veces disímiles. Desde la alianza entre civilistas (Manuel Pardo) y demócratas (Nicolás de Piérola) para impedir el segundo militarismo, en 1895, hasta la coalición de la Democracia Cristiana con Acción Popular y la del Apra con sus perseguidores odriístas, las alianzas han buscado siempre el poder.
Las negociaciones son parte del juego político. Como bien señala el sociólogo Sinesio López, las alianzas en política no deberían ser cuestionadas si estas tienen un carácter ético o se basan en planes programáticos similares. "El problema aparece cuando en estas alianzas se priorizan intereses políticos ajenos y poco éticos", dice.
El Apra es el partido que más pactos ha hecho. Y siempre con sus perseguidores políticos. "En 1939, el Partido Comunista y el Apra, entonces declarados ilegales, votaron por Manuel Prado; seis años más tarde Haya de la Torre se reúne con Óscar R. Benavides y deciden apoyar la candidatura de José Luis Bustamante y Rivero", explica el historiador Héctor López Martínez. Ambos partidos buscaban volver a la legalidad. Sin embargo, luego, la oposición furibunda del Apra en el Congreso y la debilidad de Bustamante desencadenaron en nuestro débil sistema democrático un nuevo golpe de Estado.
Una vez más, en 1956, el Apra busca entrar a la legalidad. Sacrifica para eso su programa político y pacta con Prado. A esos años se los recuerda como el régimen de la convivencia apropradista. En las elecciones de 1963 gana Fernando Belaunde, pero no consigue mayoría en el Congreso. Apristas y odriístas --que mantenían el pacto político-- obtienen dos tercios del Parlamento, con lo que hacen ingobernable al régimen. En medio de ese enfrentamiento de poderes, el general Velasco da el golpe militar.
Más tarde, en 1989 y 1990, luego de un infructuoso gobierno y la crisis inflacionaria, el Apra decide apoyar la candidatura de Alberto Fujimori. Los apristas destrozaban mediáticamente a Mario Vargas Llosa, pero callaban contra Fujimori. Nunca imaginaron que con el golpe del 5 de abril el gobierno de Fujimori perseguiría a Alan García. Ayer, durante la elección de la Mesa Directiva, una vez más, el Apra pactó con su último perseguidor: el fujimorismo. La primera vicepresidencia del Congreso está en manos de Alejandro Aguinaga, el médico de Fujimori.
"Conversar no es pactar", respondió alguna vez el líder aprista Ramiro Prialé a quienes lo acusaban de traición por negociar con el odriísmo. "Muy distinto fue la alianza con el odriísmo, pues entonces el Apra buscaba entrar a la legalidad. Visto en perspectiva, eso ahora se puede entender, pero lo que ha ocurrido en la elección de la Mesa Directiva es otra cosa", insiste Sinesio López.