Polaco con corazón peruano, el arqueólogo dice que nuestra riqueza patrimonial es una ventaja comparativa. Imagine nomás si Lima se conociera en el mundo como la ciudad de las huacas
Por Mariella Balbi. Periodista
¿Al Perú de hoy le interesa nuestro pasado prehispánico?
Creo que cada vez más. Es una situación mejor que cuando llegué aquí hace 25 años y aún no era peruano. Hay nuevos descubrimientos, publicaciones y estudios sobre lo encontrado. El medio arqueológico tiene mayor presencia en el extranjero. Se destinan recursos para excavaciones, aunque en pequeñas cantidades. Helaine Silverman, arqueóloga especialista en Nasca, a cargo de una importante revista internacional, busca artículos en castellano y abrir una discusión internacional. También existe una conciencia creciente, aunque insuficiente, de que el patrimonio cultural es una ventaja comparativa para el Perú.
Es un buen negocio en el buen sentido de la palabra.
Sí, como lo son Roma o Nápoles para Italia. Lo que falta es tener mayor conciencia de que el patrimonio no solo es la materialidad, el muro de piedra o de adobe que debemos proteger, sino también la información que se esconde al pie de este. Así el especialista puede, a partir de determinadas evidencias, reconstruir una historia. Esta historia particular, original, rica es la que atrae, aparte del paisaje.
¿En qué radica la originalidad de esta historia, de este pasado prehispánico?
Ah, hay varios aspectos. La civilización andina es peculiar, distinta a la europea. Se desarrolló en un área entre las más desérticas del mundo, salvo la ceja de selva. La vida nace entre estos focos de agua distanciados entre sí, dentro de un sistema ecológico que --según los especialistas-- es uno de los más diversificados del mundo. No solo la Amazonía, sino también la parte serrana. Gracias a este hábitat, los pobladores andinos que llegaron aquí tuvieron a su disposición una cantidad impresionante de especies vegetales. Varias de estas han salvado a otras civilizaciones luego de la conquista española.
¿Se refiere a la papa?
No solamente, también al maíz, al pallar, la palta La lista es amplia y algunas hacen una gran carrera ahora como la quinua. Otro aspecto singular de la civilización andina es la falta de animales de tiro que puedan arar la tierra. El éxito de la agricultura se debió a la fuerza humana y, por ende, a una organización social eficiente que supo adaptarse a los retos del ambiente. Esta civilización es la única que nos deja boquiabiertos por la aparición de una arquitectura monumental de gran envergadura, de artes figurativas en una época en la que la densidad poblacional es bastante reducida y ni siquiera hay un manejo de rebaños o casi no se usa el maíz. Estoy hablando de 3.000 años antes de Cristo y de monumentos que son conocidos desde hace tiempo, aunque la conciencia de su importancia es creciente.
¿Cuáles?
El Paraíso en el valle de Chillón y últimamente se ha vuelto famoso Chupacigarro, pero bajo el nombre de Caral y gracias a los trabajos de Ruth Shady.
¿En otras partes del mundo no había culturas tan desarrolladas?
En arqueología cada cultura tiene su desarrollo y su ritmo; para unas, 3.000 años antes de Cristo es mucho, para otras es poco. Se usan parámetros para medir el ritmo, aquí estamos hablando de los inicios de la vida sedentaria, de gente que no usa cerámica, que se alimenta de la agricultura, pero que aún no dispone de todo el repertorio de plantas cultivables y tampoco de animales. Es un precerámico tardío o neolítico precerámico. En el Cercano Oriente esto ocurrió en el 7.000 a.C., pero acá son asentamientos complejos. Hay colegas que piensan que estamos frente a una civilización urbana. A mí me interesa más saber qué tipo de ciudades son: ¿como las medievales, con barrios, o son como Lima?
¿Y no tienen nada que ver?
No. Por ejemplo Caral (2.500 a.C.), aunque tenemos indicios en otras partes del Perú, tiene máximo tres hectáreas de construcciones que podrían ser domésticas, fueron usadas durante mil años. Aproximadamente, son seis hectáreas de arquitectura monumental dispersas en 65 hectáreas.
¿Cuántos vivían en Caral?
Difícil calcularlo, probablemente no eran más de 100 a 200 pobladores permanentes, la mayor parte eran advenedizos que venían en tiempo de fiesta de lugares más alejados. Llevaban a estos asentamientos productos del mar y de la sierra
¿Aportaban mano de obra también?
También, y eso es lo impactante de estas construcciones antiguas, pero que además se percibe hasta cierto punto en otras de siglos posteriores. El valor sagrado y político del trabajo mancomunado. No se hace bajo látigo, sino por convencimiento porque la construcción es una plegaria a sus ancestros para que los sigan favoreciendo con agua, con buena caza, pesca y cosecha. En el conjunto se observan plazas, lugares donde la gente se congrega, toma líquidos, come y tal vez baila.
¿No son ciudades sino centros ceremoniales?
El concepto más exacto es el de centro ceremonial poblado, donde acudía gente con un modo de vida bastante móvil, con varias residencias y lugares.
¿A lo largo de la costa y del tiempo prevalece este tipo de organización social?
Personalmente pienso que sí. Mis trabajos tienen un término algo provocativo: patrón antiurbano. Es muy distinto al concepto de ciudad de Mesopotamia y más parecido al del antiguo Egipto. Pero en los Andes, por las características del medio, es necesario que las comunidades establezcan relaciones de parentesco real o ficticio con los vecinos para tener derecho al libre tránsito, campos en diferentes lugares, acceso a la coca de arriba, sobre la base de la reciprocidad. Esta necesidad hizo que desde los albores funcionara este tipo de organización social con base en vínculos, la que requería un centro ceremonial. Es que la población vivía dispersa, como se ve hoy en muchas partes del Perú.
Disculpe la disgresión, el Gobierno ha propuesto agrupar a poblaciones de lugares muy altos o de poco número para que les lleguen los servicios básicos. ¿Es posible?
Los españoles hicieron eso que menciona con las reducciones y no les salió muy bien. Hay que ser prudente y no tajante, todo depende de cómo se hace y el estado de las comunidades. Siempre es delicado luchar contra la tradición, pero se puede incentivar un cambio de modo de vida. Cada caso es diferente. En Ayacucho, la zona que conozco, Pampas de Cangallo, la gente más rica no es la cercana a las ciudades, sino la que está en las alturas y tiene ganado.
Volvamos al pasado
Mejor, yo soy arqueólogo, no político. Las ciudades prehispánicas no concentraron a la gente, como en Mesopotamia, la mayoría estaba cerca de tierras cultivables y se defendían estas tierras y los canales de regadío.
Este sistema fue solo para la costa
Funcionó hasta la llegada de los españoles y también fue para la sierra. (John) Rowe, al estudiar el Cusco, encuentra este modo de organización. Entre el Coricancha y Sacsahuamán hay dos espacios ceremoniales. Es una ciudad ceremonial adonde acuden los miembros de las panacas, que tienen casas y tierras en otras partes, durante las diferentes fiestas. Esta organización andina fue posible no solo por lo material, sino gracias a la reflexión sobre su sociedad, su historia, el orden natural, lo que sería la religión. Nada se podía explicar por el lenguaje secular, como en otros lugares la ciencia y la religión estaban vinculadas. Los españoles atacaron las religiones andinas, sobre las cuales estaban fundamentados los derechos y deberes de las comunidades y de los gobernantes. Ese fue el primer golpe; el segundo fueron las reducciones del virrey (Francisco de) Toledo. Las características de las poblaciones andinas (ser dispersas, móviles, reuniéndose para las fiestas o para la guerra, cuando las autoridades lo indicaban) desaparecieron.
Fue un golpe mortal.
Completo, porque el sistema andino estaba adaptado a esta organización y probablemente la dispersión era un patrón más amigable para el medio ambiente, bosques, cuencas, erosión de suelos, pastoreo de llamas. La dominación europea destruye esto, pero los líderes andinos no fueron ni pasivos ni carentes de inteligencia. Basta leer a los cronistas nativos o conocer casos como los de Lupaca, en Puno, donde los curacas se adaptaron bien y fueron muy opulentos.
¿La cultura inca fue un estadio superior respecto de otras como Nasca o Wari?
Lo inca fue una síntesis y trasladar artesanos de diferentes lugares ayuda a esta síntesis. Desde mi punto de vista, en el Perú hay un desarrollo bipolar. Desde las épocas más tempranas el norte tiene una lógica vinculada con sus recursos, lo mismo el sur. La frontera entre ellos, bastante móvil, va desde Huarmey hasta Asia. La región del lago Titicaca es un polo muy temprano de desarrollo para el sur, mil años antes de Cristo se encuentran sociedades complejas, mientras que este fenómeno ocurrió con mayor anticipación en el norte, es más precoz. La domesticación de camélidos en el sur es anterior al norte, donde el manejo de rebaños es más lento. Wari fue momento de integración intensa entre el norte y el sur, una especie de bisagra.
¿La hidráulica tuvo realmente un gran desarrollo en el mundo precolombino?
Sí. En el norte se encuentran tecnologías de riego de cuatro mil años antes de Cristo en Zaña. Si hablamos de sistemas grandes intervalles, tenemos que pensar en los siglos VI, VII y VIII de nuestra era. En el sur, la andenería se relaciona con Wari (1.000 d.C.), pero es un sistema diferente al norte. No solo hay riego, sino camellones, drenaje, reservorios.
¿Todavía hay mucho que conocer de nuestro patrimonio arqueológico?
Es una arqueología con mucho futuro. Lo romano se estudia ya en la segunda mitad del siglo XIX. El Perú arqueológico fue conocido básicamente a través de los incas y se comenzó a estudiar ya en el siglo XX. Los conocimientos tan completos sobre sociedades de 3.000 a.C. son bastante recientes. No tenemos un financiamiento permanente para proyectos nacionales de exploración, los que hay son producto de la testarudez de algunos arqueólogos.
¿El Perú es un paraíso arqueológico?
Yo creo que sí aunque hay mucho por hacer. Es cierto que el conocimiento que tiene el peruano promedio sobre este pasado es muy incipiente, pero no soy catastrofista, hay avances y mejoras, no estamos en la misma situación que a inicios del siglo XX.
¿El racismo existente es una manera de no sentirse bien con el pasado?
Claro, el racismo es evidente y fomenta la exclusión, imposibilitando apreciar la diversidad de la historia peruana y sus aportes. En la medida en que avanzamos en un conocimiento abierto de nuestra historia prehispánica y colonial, el racismo disminuirá. Si logramos transmitir el pasado a través de historias locales, regionales, siempre como parte de un todo, ganaremos la batalla. Hay indicios, por ejemplo la creación de una ópera en honor del Señor de Sipán o la estatua a la Dama de Cao implican una identificación con nuestra historia. La creación de cátedras de lenguas quechuas y aimaras ayudaría mucho.
Usted es decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Católica. ¿Por qué no hay una especialización sobre todo lo concerniente al Perú?
Estamos creándola, buscamos agrupar todos los ángulos, geografía, historia, biodiversidad, todo lo relacionado para entender el Perú a fondo. Pero ya tenemos programas de maestría y doctorado en arqueología, antropología, lingüística e historia andina.