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MUCHO OJO

Lumpen del Callao

Por Fernando Vivas

Lo primero que me llamó la atención de "Calle en llamas", la primera serie policial peruana en mucho tiempo --que no miniserie, pues son capítulos unitarios--, fue el afán de Jorge Carmona por reducir la intriga fría y aumentar el toque humano de policías y ladrones. Es más, el gancho del primer capítulo no fue un efecto violento --que los hubo más adelante--, fue una entrevista de Camaro (Billy Bell Taylor) con un hampón al que pretende redimir contándole su tragedia personal.

O sea, un policial simple y humanista al que no le falta, por supuesto, su persecución por estupendas locaciones chalacas, su balazo en la mitra de un detective corrupto para animar el segundo capítulo y su pandillero retorcido con su propio gen.

Camaro tiene un hijo que apapachar pero Tonka, su colega Magdyel Ugaz, no tiene a nadie. Los traumas y frustraciones del policía son un recurso habitual en el policial moderno, pero lo importante es que no se sienta melodramáticamente impostado, mera coartada para recrudecer la violencia. Carmona, quien no solo se ha divorciado de Aldo Miyashiro, sino también de su nombre de pila, pues firma solo con su apellido, sí logra convencer de esa fusión de compulsiones y afectos.

Incluso el cinismo, que suele ser la conducta típica del detective que se bate con la intriga, está morigerado en los protagónicos y trasladado a algunos secundarios. Sergio Galliani está a punto de caer en el estereotipo de jefe displicente que reprime a sus efectivos, pero resulta ser su colaborador. Mejor está el periodista Rodríguez (Iván Chávez), cargoso y resinoso, pero con una interesante variante del cliché del periodista cínico, demasiado frecuente en nuestra ficción y que comprenderán que detesto.

Lamento que una sólida ficción como esta haya tenido que sufrir presiones censoras para adecuarse al horario familiar de las miniseries y que finalmente, lavada de lisuras, haya sido reprogramada de las 7 p.m. a las 11:30 p.m. (¡enfrentándose a "Bailando por un sueño"!), pero suficientemente tarde como para explayarse sin temores ni falsos pudores. Se las recomiendo.

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