ÓBITO. Youssef Chahine
EL CAIRO [DPA]. Podía ser rezongón, cínico, encantador, gracioso y vanidoso. El director Youssef Chahine, quien murió ayer a los 82 años en un hospital de El Cairo como consecuencia de una hemorragia cerebral, era el único director egipcio de su generación que logró fama fuera del mundo árabe.
Era estimado incluso por intelectuales egipcios que no gustaban de sus películas. Lo respetaban porque era un director valiente, que no se dejaba intimidar ni por la censura estatal ni por los islamistas. Y porque gracias a su alto nivel artístico ayudó a salvar el nombre del cine egipcio, que en los últimos años llamó la atención, sobre todo con comedias y ruidosas películas de acción.
Para la mayoría de sus colegas más jóvenes, Chahine, quien en 1997 fue distinguido en Cannes por su trayectoria, solo tenía palabras de burla y escarnio. "El cine egipcio ha muerto", dijo una vez en una entrevista.
Chahine también dedicó su prolífica obra a los temas humanos de siempre como el amor, el odio, la traición y la fe. Su trilogía de Alejandría tiene algunos toques autobiográficos. Pero el cristiano copto, nacido en Alejandría en el seno de una familia burguesa, también era un director político.
Incluso en su última película, "El caos" (2007), logró abarcar magistralmente el gran arco entre los dramas personales y la denuncia de un sistema social injusto.
Chahine también trataba en sus películas temas históricos religiosos. Su filme "El emigrante", que tras su estreno en 1994 en principio estuvo prohibido, es una interpretación singular de la historia bíblica de José.
En entrevistas, Chahine manifestaba su rabia por lo que consideraba una política exterior profundamente amoral de Estados Unidos. Fue controvertido su aporte a la película colectiva sobre el 11 de setiembre, en la que participaron entre otros Ken Loach y Sean Penn. En su corto, se le aparece a él mismo el fantasma de un marine estadounidense de origen árabe muerto en un atentado en Beirut.