Por Rocío La Rosa Vásquez
Con un ligero resbalón a su salida de Palacio de Gobierno y siete minutos de retraso arrancó el 28 de julio el presidente Alan García. En la catedral lo esperaba el cardenal Juan Luis Cipriani para la misa solemne y Te Deum, tradición que se mantiene desde 1821. El mandatario tenía una expresión serena y vestía un traje oscuro que contrastaba con el sastre melón de su risueña esposa Pilar Nores.
A esa hora ya habían desfilado por la alfombra roja sus ministros. Los más madrugadores: Mercedes Aráoz, Ismael Benavides , José A. Chang, Hernán Garrido Lecca y Rafael Rey. El último pasó algunos segundos de aprieto al intentar colocarse el fajín ministerial a última hora. Al filo de la hora de inicio hicieron lo propio el jefe del gabinete, Jorge del Castillo y Ántero Flores-Aráoz.
Los últimos en llegar fueron los congresistas Víctor Andrés García Belaunde (AP), ex candidato a la presidencia del Congreso, y la flamante tercera vicepresidenta, Fabiola Morales (SN).
Era poco después de las 9 a.m. y en el Legislativo aún no se había designado --por falta de quórum-- a los miembros de la comisión de anuncio (que invita al presidente a dar su discurso) y la de recibo. Finalmente, estuvieron presididas por Raúl Castro (UN) y Mauricio Mulder (Apra), respectivamente.
Ya en el interior, García saludó efusivamente al recién elegido titular del Congreso, Javier Velásquez Quesquén, y no perdió la ocasión de comulgar durante la comunión junto con su esposa.
VENTANAS BIEN CERRADAS
El Mercedes Benz azul marino que llevó a García desde Palacio de Gobierno al Parlamento no abrió las ventanas en ningún momento. Avanzó lentamente en medio de los dos cordones formados por cadetes de las tres Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional y de los vecinos del jirón Junín que desde sus ventanas y balcones no dejaban de tomarle fotos al regimiento de la escolta presidencial, los Húsares de Junín. Esta vez García no repitió su retorno del 2007 en un jeep descapotado. Esta vez no había correligionarios que lo ovacionaran y en los balcones solo quedaban periodistas.
LA SEÑORA SALOMÉ
No era periodista ni parte de alguna comitiva, pero ayer la señora Salomé Ybargüen estaba bien apostada al costado del personal de seguridad que custodiaba el Congreso. Sus intentos por acercarse fueron en vano y tuvo que conformarse con escuchar el mensaje presidencial --que felizmente se alcanzaba a oír desde los exteriores-- desde el jirón Junín.
Tiene 91 años y confiesa que a los 14 conoció por casualidad al líder aprista Raúl Haya de la Torre. Eso sí, aclaró que no es aprista, que su mamá le enseñó a practicar el civismo y que en Fiestas Patrias la camiseta partidaria es lo de menos. ¿Qué esperaba escuchar? "Que el presidente anunciase la unión nacional de todos los partidos. No pido obras, solo eso".
Minutos después su ceño se fruncía cuando García hablaba de crear otro ministerio. "¿Otro ministerio? Un ministerio de Cultura debe estar en el de Educación", sentenció esta ayacuchana para luego preguntarse dónde están los más de 40 colegios que dijo García se han construido. Antes de despedirnos nos dice que si Dios se lo permite volverá el otro año, eso sí, pugnará por llegar hasta el hemiciclo porque tiene "algunas cosas" que decirles a los congresistas.