Por Viviana Salas
En 1812, el arqueólogo Johann Ludwiq tuvo que disfrazarse de musulmán para poder acceder a este histórico lugar, ya que hasta esa fecha solo los beduinos conocían la manera de llegar a esta antigua ciudad, que fuera en su época más próspera la capital del imperio nabateo. Hoy, si bien mantiene una serie de restricciones propias de los destinos árabes, Petra recibe de buena gana a los miles de turistas que llegan hasta sus puertas maravillados por su imponente arquitectura que ha sobrevivido el paso de los siglos.
RECORRIDO MILENARIO
Petra significa en griego piedra, y esto no puede ser más preciso, pues la ciudad fue totalmente hecha en piedra rosada, lo que la hace tan única y especial.
El recorrido por Petra comienza ni bien pasamos la reja que nos separa del exterior. Muy cerca de la entrada nos encontramos con tres torres cuadrangulares cavadas en la roca que no son otra cosa que tres tumbas conocidas como los yinn. Luego de estas, llegamos a la tumba de los obeliscos, la misma que fue cavada también en roca durante el reinado del conocido monarca nabateo Malichos II.
Siguiendo por el camino oficial, llegamos a la entrada del siq, que no es otra cosa que un estrecho cañón formado entre dos inmensas paredes de arenisca que miden entre 40 y 170 metros de alto. El ancho del cañón por el que caminamos es de unos 4 metros y a lo largo de este es posible observar algunas hornacinas e inscripciones históricas.
Al final del siq, luego de caminar aproximadamente dos kilómetros, uno se encuentra con la imponente figura de la llamada tesorería, el lugar más famoso de Petra, el mismo que sirviera de escenario para una de las películas de Indiana Jones.
Este maravilloso monumento posee dos pisos, está totalmente tallado sobre la montaña de piedra color rosa y mide unos 40 metros de alto por 28 de ancho. Su estado de conservación es buenísimo, lo que lo hace el lugar más fotografiado de todo Petra.
Cuentan que el nombre de este monumento se debe a que en el segundo nivel de este edificio se encuentra enterrado el tesoro de algún antiguo rey o faraón.
Luego de visitar la tesorería seguimos caminando y hacia la mano derecha, encontramos la calle de las fachadas, que es un conjunto de tumbas también talladas en piedra. Al terminar estas encontramos el teatro, construcción de estilo griego y que tiene capacidad para unas 4.000 personas.
Hacia el frente del teatro podemos ver las tumbas reales. Aquí es posible conocer el lugar donde yace el rey nabateo Malichos II, a la que llaman la tumba de la urna y que realmente es inmensa (a mediados del siglo V fue transformada en iglesia).
Además de esta, se encuentran las tumbas llamadas de la seda y la corintia, así como la llamada tumba palacio, que posee tres niveles y es sin duda una de las más increíbles de esta antigua ciudad.
Siguiendo nuestro recorrido, llegamos a la vía romana, alrededor de la cual se pueden apreciar restos de lo que fuera el mercado, el palacio real, los baños nabateos, así como otros edificios públicos. También es posible ver la conocida puerta monumental, que es una construcción que se conserva en buenas condiciones.
Casi al terminar la vía romana nos encontramos con una construcción de grandes proporciones a la que los beduinos llaman el templo de la hija del faraón y que se piensa servía para adorar al dios Dushara. Un dato importante que cabe resaltar es que este templo es la única construcción nabatea que no fue hecha en piedra.
Después de este templo es necesario montarse en una mula o armarse de valor y caminar aproximadamente por una hora subiendo por un sendero escarpado de unos 800 escalones totalmente irregulares para poder llegar y obtener como premio al esfuerzo la maravillosa vista del no menos famoso monasterio, que resulta tan sobrecogedor como el tesoro. Esta edificación parece ser un templo dedicado al rey divinizado Obodas.
Este inmenso templo, al igual que la mayoría de edificaciones de Petra, está totalmente excavado en piedra y es un lugar digno de ser contemplado por un largo tiempo.
Haga lo posible por visitar por lo menos una vez en su vida esta grandiosa ciudadela. Le aseguramos que no se arrepentirá ni por un instante. La excursión a Petra, ya sea a pie o montado en un camello, es un viaje al pasado, un paseo por la historia, una experiencia simplemente maravillosa.