Por Abelardo Sánchez León
Paralelamente a nuestras vidas cotidianas --desearnos un feliz 28, colocar la bandera en el techo de casa, comprar escarapelas para la solapa del saco-- los así llamados padres de la patria se dedicaban a complotar, a intrigar, a hacer arreglos impuros bajo la mesa en aras de colocar al aprista Velásquez Quesquén como presidente del Congreso. La gente sana está interesada en adquirir alguna novedad en la Feria del Libro y no está al tanto de las maquiavélicas negociaciones del Apra con la bancada fujimorista, pues es inmoral y traicionero hacer componendas con ellos. Durante la campaña del 2006 los apristas acusaban a los humalistas de estar cerca de los fujimoristas, pero la verdad ha salido a luz: entre Agustín Mantilla, Vladimiro Montesinos, Luis Alva Castro y Alberto Fujimori hay nexos oscuros y turbios. En el Perú ocurren cosas espantosas: que un ministro de Estado, por ejemplo, vaya a la cárcel donde se encuentra Alberto Fujimori para hacer componendas políticas.
Como van las cosas, lo mejor del Apra viene siendo Jorge del Castillo. Es un increíble amigo leal de Alan García, García lo machetea, pero él sigue allí, fiel a la amistad. Es su bombero, su pararrayos, su negociador, su político sensato. Mauricio Mulder ladra desde la sombra, Alan García se lleva los porotos, pero quien saca la cara es Jorge del Castillo. Y como ha sido honesto y valiente en su participación en el juicio a Fujimori, lo desean sacar del camino. Si alguien resulta digno en el Apra, esa persona es él.
Todos estamos con Leysi Suárez, que no quepa duda. Del caballo de Alfonso Ugarte al corcel de esta novísima vedette hay un vínculo directo a través del destino de nuestra querida bandera, tantas veces humillada por los políticos de turno. Y así como todos estamos con ella, con su conducta lúdica e inocente, ninguno está de acuerdo con Carlos Torres Caro, que resulta más bien barato por su actitud perenne de tránsfuga. Ha olvidado que llegó prendido del 'diablo' Humala (era un absoluto desconocido) y a la primera de bastos se alejó de quien lo había llevado hasta el Congreso.
¡Cuántas banderas peruanas ondean orgullosas de los techos de esas viviendas miserables en los pueblos jóvenes de todo el país! En esas casas de peruanos que apuestan por el futuro de la patria, que la sufren, pues los tratan con la punta del zapato, sin generosidad por parte del Estado, mientras los congresistas piensan, antes que nada, en ellos mismos, y tienen el cuajo de ofenderse de que la bandera peruana haya sido supuestamente ultrajada por una mujer. Aquí, en el Perú quien es ultrajada, no lo vayan a olvidar, es siempre la mujer.