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El ropero de la arquitectura

Se llaman La Faltriquera y son tres arquitectos vehementes que quieren poner de moda líneas de ropa con los símbolos arquitectónicos más bellos de los centros históricos del Perú

Por Miguel Ángel Cárdenas M.

Su intención es médica: quieren salvar del abandono mortal a los monumentos coloniales más bellos e importantes de los centros históricos de Lima y provincias. Y por esto practican una especie de cirugía arquitectónica y publicitaria en sus polos y vestidos: En su blusa, Paola Zárate lleva grabada la imagen del querubín de la pileta bautismal de la iglesia San Pedro, en el Centro de Lima. "Para hallar esta factura tenías que verlo desde abajo. Puedes haber ido miles de veces a esa iglesia y haber dejado pasar toda esta iconografía. ¡Nosotros tenemos otro punto de vista que queremos compartirlo a la gente!".

Alfredo Tovar tiene impresa una figura mitológica con ramificaciones saliendo de su boca, que representa la exuberancia, y que se encuentra en la iglesia Belén de Cajamarca. "Las enredaderas demostraban fertilidad, es que en la época en que se construyó había abundancia en la zona". Gabriel Gutiérrez, por su parte, muestra como ícono estampado la fotografía del balcón que se halla todavía intacto en el cruce del jirón de la Unión con Huancavelica. "Es uno de los balcones más largos y antiguos del centro. Lo que pasa es que la gente mira de frente o para abajo, pero no hacia arriba".

Estos tres arquitectos veinteañeros de la UNI y la Ricardo Palma conforman el colectivo-empresa-con-ansias-de-patronato La Faltriquera que quiere arropar Lima con líneas de prendas, utensilios y accesorios que primero llamen la atención "por lo bonitas" y, "oh, sorpresa", tengan adheridas en las etiquetas "las reseñas con la información del monumento, su época y ubicación". Y así 'infiltrar' cultura y conciencia de valor y conservación.

Los tres son discípulos del padre español Antonio San Cristóbal, el mayor experto en arquitectura colonial peruana, quien a sus 85 años ha publicado más de una decena de libros esclarecedores sobre el barroco. "Es nuestro mentor". Y a este gran maestro le dedican sus esfuerzos, luchas y triunfos.

¿Esta gran pasión por la arquitectura colonial les nació antes, durante o después de ingresar a la universidad?
Paola:
En el colegio yo no conocía el Centro de Lima, fue a raíz de que me matriculé en una academia para ingresar a la UNI. Y comencé a descubrir las maravillas arquitectónicas que existen. Pero en la universidad sucedía lo que les pasa a los chicos salidos de colegios particulares: sus padres les decían que el centro era peligroso. Y ellos no querían ir porque decían: es cochino; y yo les decía: si lo vieran con mis ojos, luego les hacía de guía de turismo y podíamos quedarnos horas mirando el trabajo con la madera y el tallado en el edificio Torre Tagle. O irnos al Centro Histórico del Callao, que es precioso, como una Habana Vieja.

Alfredo: Yo estudié en el colegio Claretiano y vivía en San Borja. Por eso, me hacía el trote de toda la Javier Prado, cuando todavía no estaba tan destrozada como está ahora y veía las casas neocoloniales... Y cuando me preparaba para la universidad descubrí la plaza San Martín como espacio público. Además la Casona de San Marcos y el edificio del Colegio Real, frente a la Escuela de Bellas Artes, en el jirón Áncash, son increíbles...

Paola: Con Alfredo, nos conocimos en la pre, y nos encantaba meternos a las casas y nos botaban. Por el Rímac, por el jirón Trujillo nos salían los perros. O íbamos a segundos pisos donde casi siempre están entreabiertas las puertas porque son las oficinas de los curanderos. Y veíamos cómo muchas personas dejaban correr el agua para que se derrumbaran los muros y dejaran de ser patrimonio histórico...

¿Cómo surge La Faltriquera?
Gabriel:
En mi época universitaria me gustaba hacer polos, los dibujaba por computadora y me iba a Gamarra a hacer los estampados. Yo soy del Callao y en la UNI conocí a Paola y luego a Alfredo, que es de la Ricardo Palma. Coincidimos en nuestros gustos y en que queríamos difundir la iconografía de los centros históricos. Y decidimos difundirlo primero en la ropa, para que la gente se interesara desde lo cotidiano.

Alfredo: Esta onda se puso muy de moda con lo urbano y lo chicha. Nosotros queremos entrar por ahí. Hoy se usa mucho lo prehispánico, pero lo colonial representa lo mestizo. Se trata de no negar el pasado ni que ha venido gente de afuera y nos hemos mezclado, y es nuestra identidad. La idea de la ropa es que la gente se dé cuenta de su entorno arquitectónico, pues nunca se había dado cuenta de su belleza. Y así comenzará a ver la ciudad de otra manera.

¿Ustedes llaman entonces a entrenar y cambiar la mirada, que un ángulo puede cambiar todo y puede suscitar una memoria iconográfica?
Gabriel:
Sí, porque hay mucho que mirar de otro modo. Es lo mestizo. Los españoles trajeron un modelo de iconografía y arquitectura, y se adaptó acá. En Cajamarca puedes ver que a la arquitectura barroca de las enredaderas, que venía de la época romana, le ponen choclos, papas. Se ha adaptado, se apropió. Los rostros eran más afinados y aquí se diseñaron más cachetones, con las narices más anchas, los ojos más cerrados... Por eso nuestro emblema es un querubín, uno de los símbolos de la apropiación que ocurre en el virreinato: el angelito que llega desde España se traduce aquí en uno más cachetón y mestizo. Es un elemento recurrente en iglesias, casonas.

¿Por qué el nombre de La Faltriquera?
Alfredo:
Era el bolsillo secreto de las faldas en el virreinato. Pero la elección del nombre viene del nombre de una calle antigua que se llamaba La Faltriquera del Diablo. Y que suscitó una tradición peruana de Ricardo Palma... Cada calle se nombraba en la Colonia por la actividad más importante en la zona, por una familia importante o algo que había sucedido muy llamativo. En todas nuestras andanzas, nos pusimos a buscar qué nombre antiguo tenían las calles y en el colmo del fanatismo, íbamos con un mapa antiguo llamándolas: jirón Espaderos, Mercaderes... Y por la plaza San Martín íbamos siempre a ver las construcciones de la calle La Faltriquera.

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