Por Patricia Castro Obando. Corresponsal
BEIJING. Las autoridades chinas no podrán respirar tranquilas hasta que los cielos azules cubran el Estadio Nacional durante los Juegos Olímpicos, y aunque ya se han ganado varias batallas contra la contaminación, la guerra continúa.
A menos de una semana para la inauguración olímpica, el Gobierno ha dado su última estocada. Beijing planea medidas más estrictas para controlar la polución en caso de que no mejore la calidad de aire antes de la temporada deportiva del 8 al 24 de agosto.
El plan de emergencia anunciado por el Ministerio de Protección Ambiental contempla mayores limitaciones para el tráfico y la producción industrial en la capital, en la ciudad de Tianjin y en la provincia de Hebei. Estas medidas entrarán en efecto si los meteorólogos pronostican condiciones climáticas extremadamente desfavorables. La contaminación ambiental crónica de la capital china ha sido descrita como una mezcla por momentos sofocante de polvo de construcciones, gases de vehículos y humos industriales.
La ciudad anfitriona de los juegos ya ha cerrado las principales fuentes de contaminación, ha prohibido la circulación de los automóviles de alta emisión y ha aumentado la tasa de reforestación para alcanzar sus metas verdes.
Desde el 20 de julio circulan la mitad de los 3,3 millones de automóviles de la capital y se ha detenido la producción de 105 fábricas. Pero el efecto ha sido limitado. El peligro radica en que si no llueve ni sopla el viento, las sustancias nocivas se acumularán sobre la ciudad.
Sin embargo, el control de las precipitaciones es un arte conocido en China, país pionero en provocar lluvia artificial. Desde las bases de control meteorológico se lanzan cohetes que disparan proyectiles con yoduro de plata contra las nubes para desencadenar precipitaciones. Según la agencia de noticias Xinhua, China cuenta con 5.781 cañones y 4.110 lanzacohetes en su arsenal, solo para este fin.
Si la situación toca la alerta roja, se podría llegar a prohibir la circulación del 90% de los automóviles de la capital. Por su parte, el Comité Olímpico Internacional (COI) recordó que en este supuesto caso es factible reprogramar las pruebas de resistencia como la maratón.
El grupo defensor del medio ambiente Greenpeace felicitó a los organizadores por la energía puesta en la limpieza de las aguas, pero también advirtió sobre los peligros de la contaminación del aire.
Según esta organización, los niveles de polución de Beijing siguen estando por encima de los parámetros nacionales y de la Organización Mundial de la Salud. Por ejemplo --menciona-- en el tema de calidad del aire, China no ha logrado sus objetivos y ha introducido demasiadas medidas a corto plazo en vez de cambios profundos.
GRAN MOVIDA
La salida de la empresa Shougang de la capital china ha sido crucial para asegurar la calidad de aire. Antes del 2005, cuando se inició el traslado de sus operaciones a la ciudad de Tangshan, producía 8 millones de toneladas de acero y mantenía una plantilla de 80.000 trabajadores. Hoy, su antigua sede en Beijing, un complejo que alojaba al buque-insignia de la industria pesada china, se ha convertido en una ciudad fantasma.
Fundado en 1919, el grupo Shougang creció hasta convertirse en un poderoso conglomerado que diversificó su participación en negocios como minería (tiene una operativa en el Perú), fabricación de maquinaria, construcción, bienes raíces, servicios y comercio exterior.
Sin embargo, en la década del 80, el cuarto mayor productor nacional de acero y brazo de las siderúrgicas estatales también se había convertido en la empresa más contaminante de la capital china. A solo 17 kilómetros de la plaza Tiananmen, corazón de Beijing, ningún poder la movía de su estratégica ubicación.
No fue hasta el 2001, cuando China ganó el derecho de organizar los Juegos Olímpicos y prometió mejorar el medio ambiente, que Shougang empezó a ser cuestionada. Ambientalistas locales advirtieron que existía una alta probabilidad de no alcanzar el estándar internacional de calidad de aire que exige la cita olímpica si no se le trasladaba fuera de la ciudad.
La mudanza de Shougang a la provincia de Hebei se inició en el 2005. A partir de un plan aprobado por el Consejo de Estado, antes del 2010 el grupo deberá transferir todas sus plantas de acero a la nueva base industrial de Caofeidian, en Tangshan, a 200 kilómetros de Beijing. Se estima que su costo total rondará los US$10.000 millones.
"No se trata de trasladar la contaminación. Adoptaremos alta tecnología para reducir el impacto ambiental de la producción", aseguró Zhu Jimin, presidente del conglomerado. La nueva base se ha levantado sobre un islote, según los expertos, lugar ideal para el desarrollo de la industria de hierro y acero. "Caofeidian, a diferencia de Beijing, está rodeado por mar, lo cual dificulta la acumulación de agentes contaminantes", agregó.
Su partida --hasta el momento parcial-- ha generado una reducción de dióxido de azufre (49,18%), hollín (50,32%) y polvo (49,22%), los tres más grandes contaminantes de esta ciudad, con respecto al año anterior. Como consecuencia de su traslado, los ciudadanos inhalarán 18.000 toneladas menos de partículas residuales esparcidas en el aire cada año.
Para los analistas, la salida de la poderosa Shougang demuestra que los Juegos Olímpicos impulsan reformas difíciles de lograr en otras coyunturas. El traslado y la disminución de su producción significan el fin de las viejas políticas que favorecían el crecimiento a toda costa e ignoraban las consecuencias o el daño ambiental.
Para el conglomerado se trata de un sacrificio olímpico. Según su presidente, a fin del 2008 la compañía registrará una pérdida de beneficios anuales de US$370 millones. El traslado también ha representado un fuerte desembolso en el presupuesto, que ha excedido los US$4.800 millones. El Gobierno se comprometió a cubrir la mitad de estos costos y, además, entregó un aporte de US$142 millones para pagar los sueldos de los trabajadores despedidos.
En dos años, la vieja sede de Shougang en Beijing será un complejo turístico, comercial y residencial de 856 hectáreas. Allí, el conglomerado abrirá un museo dedicado al acero para destacar su aporte al desarrollo industrial del país, aunque la contaminación le ganó la batalla.
Posición del Gobierno Chino
Du Shaozhong, subdirector del organismo de protección ambiental, sostuvo que la calidad del aire mejoró en julio comparado con el mismo mes el año pasado. Según dijo, desde el 1 de julio los contaminantes se redujeron entre 15% y 20% y se registraron 25 días de aire limpio, dos más que en el mismo período del año pasado.
Para el funcionario chino, la neblina no significa necesariamente que la calidad del aire sea mala: "Las nubes y la niebla no son contaminación. Este tipo de clima es un fenómeno natural y no tiene nada que ver con la polución".
Incluso, describió al verano de Beijing como "muy lluvioso, muy brumoso y con bastantes días sin sol".
Según el subdirector, la situación ha mejorado considerablemente desde el 20 de julio con la puesta en marcha de un sistema de circulación alterna de automóviles.
En el 2007, la capital registró 246 días de cielo azul, de los 100 que hubo en 1998. Beijing tiene por objetivo que estas medidas permitan aumentar el número de días de cielo azul hasta el 70% del total de días del año, es decir, 256 jornadas con cielos claros.