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ENTREVISTA. Paulina Urrutia

¿Un consejo o un ministerio?

LA MINISTRA DE CULTURA DE CHILE LLEGÓ AL PERÚ ENCABEZANDO LA DELEGACIÓN OFICIAL DE SU PAÍS EN LA FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO. ELLA COMPARTE UNA EXPERIENCIA ÚTIL PARA PENSAR EN LA CREACIÓN DE UNA INSTITUCIÓN SIMILAR EN EL PERÚ

Por Enrique Planas

Lo más visible de la notable presencia cultural chilena en la Feria Internacional del Libro fueron, obviamente, sus escritores. Pero una presencia mucho menos notoria pero sin duda determinante en el proceso de acercamiento entre ambos países es el de la visita de la ministra de Cultura de Chile, Paulina Urrutia, o, para ser exactos, la presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de ese país. Pocos días antes de que el presidente García anunciara en su discurso de Fiestas Patrias la posibilidad de un ministerio de cultura, Urrutia representa una experiencia de gestión que es imprescindible escuchar.

Más allá de su trayectoria profesional como artista de televisión y de teatro, usted siempre ha dicho que el puesto que tiene lo tiene por su experiencia en el Sindicato de Actores.
Sí (sonríe). Más o menos

¿Qué tan difícil resultó ponerse al otro lado del escritorio, cambiar la demanda sindicalista por la administración ejecutiva?
Creo que esto tiene que ver con un proceso, cómo nosotros dibujamos la institucionalidad pública en nuestro país. El estar en este puesto tiene que ver con las capacidades que pude desarrollar siendo un dirigente sindical, pero ese trabajo se caracterizó por mi poca formación política. Yo nunca pertenecí a ningún partido. Mi vinculación con el gremio tenía que ver con el interés de mejorar las condiciones de nuestros asociados, pero, al mismo tiempo, con tener una mirada país. Estábamos frente a un desafío que tenía más de 50 años de espera. Creo que el trabajo que realicé me permitió no solo demandar, sino que tuvimos la capacidad de ser capaces de levantar proyectos país. Y allí, en el proceso de creación de una institucionalidad, jugaron un rol muy importante no solo el sindicato de actores, sino también todos los gremios que tuvimos la posibilidad, durante el gobierno del presidente Lagos, de poder contar con una orgánica de Estado que asumiera la responsabilidad para con el desarrollo artístico cultural del país. Eso lo hicimos con una orgánica muy especial, experiencia que queremos compartir, en términos de traspaso de institucionalidad, con el Perú. El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes es un órgano que tiene una titularidad con rango ministerial, pero que está formado colegiadamente, y representado mayoritariamente por miembros del mundo de la cultura y las artes. A propuesta de distintas organizaciones del mundo de las artes fui designada por el Presidente de la República en el primer directorio del consejo cuando fue creado. Entonces, participé en esta institucionalidad desde el otro lado. No necesariamente lo sindical y lo ejecutivo tienen que estar en veredas distintas.

¿En qué se diferencia un consejo de la cultura y las artes de un ministerio de cultura?
En todo. Primero, el levantamiento de políticas es una política de Estado, y en ello tienen participación mayoritaria los representantes de la sociedad civil. Tiene un marco nacional, pero se expresa en cada una de las regiones del país. Salvo nosotros, ninguna política ministerial se hace con esta lógica descentralizada. Segundo, en términos administrativos, tenemos una gran cualidad, podemos proponer iniciativas legales, cosa que ningún ministerio puede hacer. Claro que también tenemos debilidades administrativas. Por ejemplo, yo no puedo firmar iniciativas legales, siempre tenemos que ir a través de algún ministerio, como Educación o Relaciones Exteriores.

¿Cómo el consejo convoca a los intelectuales y creadores para obtener esa representatividad?
Nuestra experiencia fue muy positiva. Se desarrollaron encuentros llamados "cabildos culturales", en los que se redactó una carta de derechos relacionados con la instalación del derecho a la cultura como algo exigible al Estado. Fue una participación ciudadana, descentralizada, que no concluyó sino hasta llegar al Senado. Allí logramos involucramiento, estudios del mundo de la cultura, y fuimos convocados a esta tarea.

El año pasado, a través del Fondart (Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura), el concejo distribuyó cinco mil millones de pesos (casi diez millones de dólares) para financiar proyectos culturales...
Y este año estamos distribuyendo más de 12 mil millones de pesos a través de fondos concursables. El aumento presupuestario ha ido de la mano con una voluntad política del gobierno. Lo que nosotros hemos conseguido es ir desarrollando programas sustentables en el tiempo que nos permitan equilibrar. Hoy, los fondos de cultura representan 35% de nuestro haber. Hemos tenido un crecimiento del 61%, lo que nos permite decir que hemos cumplido lo que la política nos mandaba. Para este año tenemos un presupuesto aproximado de 42 mil millones de pesos.

Supongo que cuando el Estado invierte en una cantidad de proyectos que compiten ante un jurado, los que quedan fuera generarán tensiones frente a su institución...
Es algo muy complejo. Lo he tratado de decir muchas veces en la prensa. Uno comprende que para un creador sus obras son parte de su vida. Pero la verdad es que por no ganar un proyecto se puede destruir un instrumento y menos una institucionalidad. En eso yo encuentro una desproporción en las afirmaciones o los argumentos que se dan cuando un proyecto no es seleccionado. Nosotros tenemos una cobertura de 17% en promedio, y ese es un porcentaje altísimo. En regiones, hemos llegado en algunas líneas a niveles de satisfacción de demanda superior al 60%. Asimismo, hay líneas específicas de interés público, como becas, pasantías, residencias o capacitación profesional, en las que tenemos una satisfacción de la demanda superior al 80%. La gran pregunta es si el Estado debe financiar toda la demanda. Nosotros estamos en una etapa de revisión con una lógica estratégica. Para nosotros es importante apoyar aquellas iniciativas que, a través del desarrollo de proyectos, han ido generando a un creador que ha ido desarrollando institucionalidad. Va a llegar un momento en que tendremos que fijar requisitos u otorgar mayores puntos, por ejemplo, en proyectos que consigan recursos externos, pues es de interés para nosotros ir involucrando a mayores agentes dentro del desarrollo cultural del país. Hay la responsabilidad del Estado en generar las condiciones para el desarrollo cultural, pero también hay responsabilidad de los creadores, la empresa privada y la comunidad. Hay una tensión permanente, sí, pero con la tranquilidad de una institución que ha sido evaluada este año como uno de los órganos del Estado más transparentes en la asignación de recursos a terceros

¿Esta política de apoyo económico a proyectos se ha visto reflejada en un mayor desarrollo de la industria cultural chilena?
Ha sido fundamental. Tenemos fondos como el Fondart o el Consejo Nacional del Libro, que han sido fundamentales para el desarrollo de nuestras industrias culturales. El aporte en áreas como el teatro o la fotografía ha sido también gravitante en su desarrollo y en el proceso de internacionalización. Para el desarrollo de la industria cultural es clave diseñar estrategias para posicionar nuestros productos en mercados que sean más amplios que el nuestro. Nuestras estrategias son mancomunadas con la empresa privada y la comunidad artística, lo que nos permite estar presentes en la ferias internacionales o mercados fundamentales para estas industrias. Aparte de ello, la oferta que tenemos hoy, a escala nacional, es vital. Y eso va de la mano con políticas públicas que generen condiciones para que la ciudadanía pueda tener contacto con esa producción. Nosotros tuvimos un fuerte énfasis en el apoyo a la creación, pero con políticas muy menores de acceso ciudadano a esa misma producción. Ahora, generando centros culturales en comunas de más de 50 mil habitantes, produciendo programas permanentes en la formación escolar, estamos teniendo políticas de generación de espacios de encuentro y vinculación entre la ciudadanía y la producción cultural. La formación de audiencia va configurando una política equilibrada que potencia la producción.

PERFIL
NOMBRE Paulina Urrutia (Santiago de Chile, 1969)
PROFESIÓN Actriz
TRAYECTORIA Paulina Urrutia Fernández es ministra de Cultura de su país desde el 2006. Egresada de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica, en sus inicios fue conocida por diversos papeles en teatro, telenovelas y miniseries en su país, así como por su trabajo como presidenta del Sindicato de Actores de Chile.
A inicios del gobierno de Michelle Bachelet, asumió la presidencia del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, puesto que tiene rango de ministra de Estado.

CONVENIO DE INTERCAMBIO
La exitosa gestión chilena
4Como pocos países en la región, con metodología del Banco Central de Chile, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ha levantado datos que evidencian el impacto de la cultura en la economía del país sureño. Así, solo con los resultados de sus tres industrias culturales más fuertes, el libro, la música y el audiovisual alcanzan un total del 1,3 % del PBI, es decir, que el aporte de estas empresas es mayor que la actividad pesquera o textil chilena.
4A través de un memorándum de acuerdo firmado recientemente con el Instituto Nacional de Cultura, estos estudios de impacto, así como la experiencia en gestión del consejo serán compartidos con el Perú en vista del proyecto local para la creación de un ministerio de cultura.
4A cambio, el INC aportará su experiencia en el manejo del patrimonio, tema relativamente poco desarrollado en Chile, país que espera en el mediano plazo fundar un instituto del patrimonio cultural.

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