Por Élida Román
En el Centro Cultural de España puede verse Injuve 2007, último resultado de la convocatoria para un concurso de artes visuales que, anualmente, efectúa el Instituto de la Juventud, órgano oficial del Gobierno Español. Este concurso busca mostrar las recientes propuestas de los más jóvenes, proporcionando a los seleccionados la oportunidad de difusión y confrontación en espacios de amplia recepción y, como en este caso, extendiendo esto a un ámbito internacional. A pesar de este punto de partida, que acoge el riesgo del exceso de tanteo o la inseguridad de lo apostado, este Injuve muestra un conjunto coherente, cuidadosamente planteado, exposición que, por más de un motivo, no se debe ignorar.
La visión general de la exposición, que ostenta una poco habitual correspondencia --más común a un trabajo curatorial ortodoxo, en que prima un criterio propuesto--, es la de la simultaneidad no solo de preocupaciones o intereses, sino también su planteo signado por referentes que, a sabiendas o por azar, adquieren un carácter significativo, tanto en lo conceptual como en la misma materialización de las obras.
De esos referentes, sin duda el nombre más inmediato y reiterado es el de Gordon Matta-Clark (1943-1978), uno de los nombres más destacados de la segunda mitad del siglo XX entre quienes se dedicaron a la investigación radical sobre arquitectura, deconstrucción y ambiente urbano, ligados a la reflexión sobre el ser artista y su nuevo rol en la sociedad de pertenencia.
Varios de los participantes han asumido estas pautas, ya no con aquella intención, sino realizando una transposición metafórica al sentido del uso contemporáneo, a la recreación mediante visualidad, de la fragilidad, la inmediatez, la fugacidad y hasta la ambigüedad de apariencia y percepción.
Los medios utilizados marcan una positiva elección de la fotografía y sus posibilidades, y por extensión el video. Instalaciones, acciones, ambientaciones, dirigidas a crear un discurso o sugiriendo la narración breve, son opciones muy frecuentes, aunque ninguna busca el riesgo o la espectacularidad que prodigue asombro. Dentro de este despliegue, puede encontrarse la utilización segura de los elementos mencionados, para aplicarlos a la ejemplificación de la idea de proceso, búsqueda, inquisición, descontextualización de los objetos para provocar una nueva atención hacia ellos, la creación de sutiles límites que sugieran un punto de separación entre sueño y realidad, la seriación y la acumulación que causen el anonimato o la saturación visual señalada por el desgarro o la superposición.
La sensación que queda es la de una clara expresión de las vacilaciones, inseguridades y temores de la pertenencia a un mundo en el que no se cuenta con el amparo de certezas, con la disponibilidad de esperanzas, que mira los rastros de un pasado reciente con ojos lejanos, ausentes de melancolía, solo para constatar deterioro o modos que ya no existen. Porque aun en los atisbos de humor, casi siempre cargados de ironía, queda la estela de un sabor acre.
Una exposición que tiene la buena característica de no pertenecer a una geografía y una población. Responde a la realidad de la vida urbana de hoy, fuera de folclorismos, cercana a todos.