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CRISIS DE ALIANZA

El equipo de las mil caras

Los íntimos no terminan de formar un plantel competitivo a pesar de sus múltiples incorporaciones

Por Elkin Sotelo C.

Termina por suceder que más de una teoría puede ser válida para explicar la crisis de Alianza Lima. Acusar al presidente Carlos Franco se ha convertido en el desfogue de los hinchas. El arquitecto, de cuando en cuando, le baja la fiebre al enfermo con timolina porque contrata a jugadores por puchitos y casi nunca con la calidad que se requiere para marcar diferencias.

Alianza alineó así en su primer partido del año ante el Sport Áncash: Bologna; Nieri, Aparicio, Salazar, Reaños; Jayo, Molina, Faiffer, Trujillo; Manco y Benavides. De ese equipo cinco jugadores ya no están en el club y ninguno, ni siquiera Reimond Manco, se fue por la puerta grande.

Tampoco está el técnico Miguel Ángel Arrué, una apuesta absurda de la directiva para disfrazar la angustia económica que padecían a inicios de temporada. "Solo teníamos plata para un plantel de ese tipo", nos dijo hace días Carlos Franco; sin embargo, los pésimos resultados lo obligaron a contratar refuerzos a destiempo y a tomar medidas desesperadas: se estima que se gastó unos 50 mil dólares en el colombiano Jorge Serna, quien no anotó ni un gol y dejó en evidencia que la comisión de fútbol aliancista trabaja para el enemigo.

En ese aspecto Alianza se resiste a trabajar como una institución seria y moderna. No cuenta --y parece que no querrá contar nunca-- con un gerente deportivo que se encargue exclusivamente del análisis deportivo dentro del plantel. Les es difícil hacerse la idea de que algún ex jugador con vocación de entrenador, identificado con los colores azul y blanco, que haya hecho carrera internacional y tenga los contactos suficientes en el exterior, pueda trabajar codo a codo con el técnico para resolver los problemas de los fichajes internacionales.

Después de lo de Serna y a lo largo de la historia aliancista, quedó la sentencia de que cada vez es más fácil para los agentes internacionales timar a un puñado de dirigentes caballeritos que no logran darse cuenta de cuando están comprando un 'paquetazo'. Y, ojo, tampoco hay que descartar que mientras muchos los creemos ignorantes en materia futbolística, ellos y estén maquinando su próxima compra, sabiendo que la fecha de vencimiento del producto ya haya caducado, pero recibiendo algún beneficio personal que vaya directo a casa.

Jahirsino Baylón también llegó en plena marcha con cartel de salvador y evidentemente no lo fue y se marchó. Wilmer Aguirre fue la única gestión que dio ciertos resultados (goles).

Ahora Gonzales Vigil, Libman, Corrales y el próximo arribo de Forsyth y Quinteros intentan dar otro matiz a los planes de Richard Páez, pero dichos nombres tampoco ponen al plantel aliancista por encima de otros del medio, simplemente le devuelven la decencia a la camiseta.

Sobre el paraguayo Derlis Florentín y el venezolano Ricardo David Páez aún no se puede decir nada porque cada acto de la comisión de fútbol aliancista está lleno de descrédito y sus contrataciones, hasta que no demuestren lo contrario, estarán en entredicho.

CAMPAÑA POBRE
"Un ex presidente me dijo que al hincha aliancista y al socio no le importa que el club esté en rojo en sus cuentas y tenga miles de deudas mientras cuente con equipo para campeonar. Pero yo soy honesto y este año había que dar prioridad a los atrasos que había dejado la anterior directiva y sanear la economía. Ahora estoy tranquilo porque todo está en azul y habrá dinero para las siguientes campañas porque hemos logrado que el Málaga pague un dinero que se había dado por perdido por Gonzales Vigil. También tenemos el dinero de solidaridad del PSV por Jefferson Farfán y Reimond Manco", nos dijo Carlos Franco sobre su negativa de formar un equipo suculento para la actual temporada, que, al parecer, solo quiere salvarla medianamente para invertir con fuerza en el 2009, a riesgo de pasar un año más escondido de las competencias internacionales.

Del lado de la tribuna, los hinchas son los que sufren estas decisiones. Asumen que el precio es demasiado alto y que el nombre de Alianza no está para sufrir humillaciones al fondo de la tabla. Hasta ahora no se encuentra sintonía entre las decisiones de la directiva y el sentir del pueblo blanquiazul.

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