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ESPECIAL

Traficantes utilizan el servicio postal

Solo entre el 2004 y el 2007 las intervenciones contra el tráfico de patrimonio se triplicaron, pasando de 57 a 181 decomisos de encomiendas, según Aduanas. La gran mayoría se concentra en Serpost

Por Nelly Luna Amancio

La identificación de los bienes del patrimonio que se intenta sacar ilícitamente del país poco tiene que ver con los nervios de sus portadores. A diferencia de lo que ocurre con los 'burriers', cuya impaciencia o ansiedad acaban casi siempre delatándolos, a los que pretenden sacar piezas arqueológicas lo que los delata es la máquina de rayos X.

Estos rayos desnudan huacos inmersos en panetones y cráneos en cajas de regalo. Pero esto no siempre es posible, sobre todo cuando se trata de tejidos o cerámicas originales camufladas bajo capas de pintura (como si se tratara de una pieza moderna) o cuando las encomiendas son enviadas por el servicio postal. En este último caso, solo una muestra aleatoria es revisada detenidamente por los oficiales de Aduanas.

"Se inspeccionan los paquetes con las rutas más riesgosas, como las que provienen de Cusco o Ica, y que tienen como destino Estados Unidos o países de Europa", explica John Alarcón Herrera, intendente de la oficina de la aduana postal en Serpost.

El servicio postal parece ser la ruta preferida por los traficantes de patrimonio. El año pasado este sistema de mensajería concentró el 93% de las incautaciones, que sumaron 181. Por aquí, a diferencia de los decomisos en el aeropuerto, se intenta enviar muchas más piezas. Durante todo el 2007 se decomisaron 799 piezas, 508 correspondían a cerámicas o tejidos prehispánicos.

Solo entre el 2004 y el 2007 las intervenciones contra el tráfico de patrimonio en el servicio postal se triplicaron, pasando de 57 a 181. En la mayoría de veces el equipaje provenía de Ica, Cusco, Arequipa, Piura o Lima.

Una vez detectado el equipaje con la pieza ilegal, el documento que ayudaría a identificar al responsable del envío sería la guía de Serpost en la que se consigna el nombre y la dirección del remitente. Sin embargo, esa guía pocas veces ayuda porque casi siempre consigna datos falsos.

Se supone que la empresa postal debería verificar que los datos que se consignan en el envío coinciden con el DNI, pero no siempre es así. "Muchas veces son nombres inexistentes o falsificados, por eso cuando se encuentra un bien de origen ilícito no se puede localizar al responsable", explica el intendente.

Cuando no camuflan los bienes de origen ilícito, los traficantes acompañan estas encomiendas con un certificado falsificado de bienes no pertenecientes al patrimonio de la nación. "Intentan hacernos creer que son copias del original, en esos casos hay que revisar cada detalle de la pieza. Para eso los oficiales recibimos capacitación del Instituto Nacional de Cultura (INC)", dice Alarcón.

El intendente señaló, además, que en el servicio postal no existe ningún oficial del INC como el que trabaja en el aeropuerto. "La ausencia de este dificulta la investigación. Si hubiera, los trámites y las denuncias serían más rápidas", sostiene.

Además de EE.UU., que concentra el 58% de los envíos, figuran España, Alemania, Canadá, Inglaterra y Polonia.

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