EL OBSERVADOR
Por Sandro Fuentes A. [Abogado tributarista]
Es ineludible referirse al mensaje presidencial del 28 de julio, como también es de rigor aludir a sus omisiones más que a sus acciones.
Aunque jamás habrá un mensaje presidencial impecable, en el sentido que solo concite aplausos, prefiero considerar que el pronunciado por el presidente se ha ceñido a los propósitos de la Constitución: que se nos diga cuál es la situación de la República y las mejoras y reformas que el Poder Ejecutivo pone a consideración del Congreso. Puede, por eso, ser un recuento aburrido, estadístico y puede tener matices, pero no es una mala idea desterrar de nuestras expectativas que los mensajes tengan que ser siempre una pieza política, un discurso de masas, un desembalse de anuncios espectaculares. Es decir, no estaría mal transitar por la sobriedad, como me parece que se ha hecho.
Destaco algo que considero de enorme trascendencia y, quizá, justamente por su repercusión histórica, no he encontrado ni leído comentarios o análisis, sencillamente porque creo que obliga a pensar en el largo plazo, algo que no es propio de nuestra idiosincrasia. Me refiero al diagnóstico hecho por el presidente acerca de la dispersión poblacional en la sierra peruana (y estimo que lo mismo pasa en la selva baja) que hace inútil cualquier esfuerzo estatal o privado para salvar a esa población de la pobreza, desnutrición, frío, atraso y exclusión.
No parece difícil aportar cálculos o estadísticas que refrenden el escaso impacto del gasto social en esas áreas o de la mayor detracción que sufren los recursos destinados a ello a manos de intermediarios o burócratas. Hubiera sido y es deseable que tan crudo diagnóstico genere cuanto antes planes para solucionarlos, pues está claro que los tributos que pagamos exigen eficacia en el gasto. El asistencialismo y el desarrollismo en esas zonas rurales ya han probado su ineficacia y todo indica que es hora de marchar a una solución cualitativamente superior, que implique también mecanismos de mercado, de intercambio de tierras, de bonos por traslado, de capacitación laboral acelerada o similares.