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MUCHO OJO

Tunda comercial

Por Fernando Vivas

Estoy harto de la llamada publicidad interna en la tele, que se cuela en los clímax de las miniseries, se lubrica en la bocota de sus conductores y contamina visualmente todos sus sets.

En la trasnoche del sábado, ya fue el colmo: Gisela, la señora que dice que volvió a las pantallas para ayudar a la gente, mató el suspenso a la hora de anunciar a las parejas que quedaban en capilla. Se abocó a otro anuncio: si te pasas de copas y te patea el hígado, toma Resacol.

Magaly, su hermana de guerra, la que en el fondo se le parece tanto, hace de mercachifle todas las noches: si mi ampay te dejó turulato, toma Relaxín. Y he visto, para mi hastío, y con entusiasta luz verde del ANDA, hasta botellas de chelas en sets de programas deportivos. Alguna vez vi a una conductora con una caja de pañuelitos desechables y no pude saber si los tenía para el 'cherry' correspondiente o para sonarse los mocos.

Las ficciones también sufren. "Calle en llamas", tan esmerada en uniformidad de estilo y tratamiento visual, tiene que ensuciar algunas buenas secuencias, incluidos toscos primerísimos planos de una zapatilla con marca o de una gaseosa equis. Ya es célebre el caso de la miniserie "Pide un milagro", en la que una menesterosa recomendaba a todos los vecinos de su paupérrimo callejón que abrieran una cuenta en el agujabank.

¿Por qué pasa esto? Porque las tarifas publicitarias son bajísimas. En un cuadro sobre inversión publicitaria (IP) en 7 países de la región (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y el Perú), publicado por "Semana Económica" (20/7/08), el promedio de IP es de 0,8% del PBI, siendo Uruguay el mejor posicionado (1,16%) y el Perú el más bajo (0,4%). Esto delata la baratura comercial de nuestra tele.

¿Qué hacer? Pues no se me ocurre revolucionar nuestro modelo televisivo dependiente de la publicidad, sino, simplemente, exigir, como cualquier televidente que quiere transparencia y que los contenidos de los programas no se confundan con los anuncios, que el gremio sincere sus tarifas y elimine el abuso de prácticas subdesarrolladas, como la publicidad interna, sobresaturar tandas y bonificar a los anunciantes con spots extra. O sea, véndanse limpiamente para que los veamos mejor.

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