Por: Juan Paredes Castro |
El Vaso de Leche nació como una iniciativa municipal decente, ha pasado por un sucesivo aprovechamiento político encubierto en la desgracia social y podría acabar de dos maneras: en la quiebra del programa, por derroche fiscal, o en su conversión en un servicio eficiente para el que más lo necesita.
Los ministros de Economía y Finanzas detectan cada vez mejor en el Perú dónde el gasto presupuestal es flojo o improductivo, dónde no es idóneamente administrado y dónde la corrupción mete las manos y las narices, en complicidad con proveedores y compradores, como en efecto ocurre en el manejo del tan pregonado Vaso de Leche.
El Gobierno suele desembolsar en este rubro más de 300 millones de soles anuales destinados a hacer el milagro alimenticio cotidiano de miles de pobres.
El problema es que no hay una correspondencia mínimamente racional ni contable entre el volumen del gasto y su beneficio. Hay evidencias de sobra que demuestran que algo grave pasa con el vaso de leche, que simplemente no llega a donde tendría que llegar.
¿Quiénes parten la torta presupuestal de los 300 millones de soles, quiénes la reparten y finalmente quiénes se quedan por ahí con una buena parte del producto o de su valor en numerario?
La respuesta a esta pregunta tendría que darla la contraloría, desde un concienzudo examen a los padrones y mecanismos administrativos de municipios y de comedores populares, que no los quieren mostrar. El hilo de la madeja lo ha sacado a luz la Presidencia del Consejo de Ministros, en base a una alerta técnica de Economía y Finanzas que refleja, entre otras cosas (ojalá no nos equivoquemos), la voluntad política gubernamental de poner fin a un programa social que ha devenido en paraíso demagógico para todo el que quiera hacer política electoral a costa del hambre popular.
A ver si ahora no se teme a lo que siempre se ha temido: a las masas de madres y proveedores que amenazan con llenar calles y plazas en protesta por cualquier medida gubernamental que cambie las reglas de juego que imperan en los comedores populares.
Hay demasiadas entidades y acciones a nombre de los pobres que reflejan derroche de energías y recursos e ineficiencia galopante en sus gestiones. El Gobierno tiene que corregirlas o suprimirlas. Y de ninguna manera hacer la vista gorda a su paso por el presupuesto nacional.
Recuérdese que con el costo que representa cada pillería descubierta en el Vaso de Leche podría darse atención a más de un enfermo pobre en un hospital.