Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

"La vida es una montaña rusa"

Cree en la programación mental, en la visualización del éxito. Sandra Messier es una peruana que triunfa en París. Responsable de la imagen del Cordon Bleu, la popular escuela gastronómica, está convencida de la fuerza interior

Por Milagros Leiva Gálvez. Desde París

Sandra no camina. Corre. Flota. Su paso ligero se siente en los pasadizos del Cordon Bleu y llama la atención por su energía, por su elegancia. Un minuto puedes encontrarla dando la bienvenida a los alumnos y al siguiente puedes verla conversando con los chefs sobre nuevas técnicas. Un minuto puedes escucharla hablando de ventas, de cantidad de alumnos repartidos por el mundo, de nuevos libros y al otro impulsando recetas peruanas entre sus amigos. Responsable de la imagen de la escuela gastronómica más popular del mundo, está convencida de que para triunfar hay que creer en uno mismo. Sandra Messier se fue del Perú a los 16 años, pero sigue amando la causa y enseñando a quien pueda a preparar un buen pisco sour. Estudió Hotelería en Pensilvania, trabajó en el Ritz-Carlton de Washington y era gerenta de ventas en el Plaza de Nueva York, cuando el amor la mudó a París. Hoy impulsa que la comida peruana sea declarada patrimonio universal. Y nadie la para.

Has contado que a los 12 años tu madre te pidió elegir qué estudiar. ¿No eras muy chica para decidir tu destino?
Sí, es muy pronto. En esta época las personas toman más tiempo para decidir, pero si la pasión está desde la niñez es más fácil. Mi pasión siempre tuvo que ver con la atención a la gente. Estudié cuatro años en Estados Unidos y luego fui por tres meses a París a estudiar francés; cuando regresaba pensé que siempre había querido vivir en Washington, cogí mis maletas y busqué trabajo. El hotel que me recibió fue el Ritz-Carlton. Así comencé mi carrera en recepción, seis meses más tarde era la supervisora de recepción, luego supervisora de la parte operacional y después se abrió una posibilidad en márketing y ventas. Todo en dos años.

¿Eras la niña genio?
Noooo, solo creo que hago las cosas con amor y cuando eso sucede es fácil escalar. A los alumnos del Cordon Bleu siempre les digo lo mismo: si tienes pasión por la carrera, llegas lejos. Si no quieres lo que haces, no vas a ninguna parte. Cuando no eres feliz se nota.

Te escuché decir: quería vivir en Washington y fui para allá. ¿Siempre has sido así? ¿Decidida?
Siempre. ¿Horrible no?

No, me parece maravilloso...
Yo me pongo metas: quiero vivir allí, quiero estudiar esto... el verbo querer está presente y luego hago todo lo posible para realizarlo. Así llegué a Nueva York: sin trabajo. Me lancé a todos los hoteles y después de un mes tuve la oportunidad del Plaza. Yo soy una apasionada y mi familia siempre me dio apoyo moral, me enseñaron a creer en mí. Muchas veces he viajado sin trabajo, pero no hay miedo. Hay momentos en que debes hacer las cosas, sino la vida se pasa.

¿Por qué algunas personas alcanzan sus sueños y otros se quedan en el camino?
Hay huecos horrorosos en la vida, hay pruebas y hay que ser fuertes para levantarse, para aprender a no cometer el mismo error. Hay gente que se cae una vez y no quiere volver a intentar. Ese es el problema.

¿Has tenido muchos huecos?
Felizmente no he tenido una enfermedad grave y tengo una familia positiva, eso lo agradezco; pero sí he tenido dificultades financieras. He pasado épocas sin dinero, pero no me amilanaba y tocaba puertas. Cuando uno busca, lo primero es saber qué quieres hacer y luego informarte. Es importante mantener una red de contactos porque uno nunca sabe qué pasará.

Tenías 30 años cuando te mudaste a París y lo haces por amor. ¿No fue un riesgo?
Nunca dudé en mudarme, porque suelo tener pensamiento positivo. Yo creo que voy a lograr las cosas. No dudo. Yo había visto a mi esposo dos veces y ya sentía que él era el hombre de mi vida. Fue un flechazo y hay que creer. Lo bueno, además, es que yo había conocido al señor André Cointreau en Nueva York, era uno de mis clientes y en París decidí buscarlo. Cuando volvimos a vernos me dijo que podía empezar en el Cordon Bleu cuando quisiera. Él era el dueño.

¿Te has dado cuenta de que tu vida tiene muchas sorpresas?
Sí, toda mi vida he disfrutado de la sorpresa. Soy una mujer de aventuras y disfruto de la montaña rusa. Sé que un día estás arriba, que luego puedes bajar y que luego vuelves a subir. No hay que ser muy apegado porque todo puede cambiar de un momento a otro. Para mí, la vida es una montaña rusa y me gusta que sea así porque me siento viva.

¿Y cuando vas cuesta abajo?
Pienso en positivo, siempre. Me quedo haciendo cosas para cuando llegue el momento alto. No me tiro al abandono, no se puede. Uno tiene que seguir, como sea. Si te mantienes trabajando y en alerta en algún momento asciendes. Pienso en positivo y las cosas se atraen.

Es decir crees en la programación mental.
Exacto, creo en la visualización de las cosas. Eso ha sido una gran ayuda, una fuerza que obtuve cuando me encontré conmigo misma. Lo primero es saber quién eres, cómo eres, amarte primero para luego amar a los otros. Otra cosa que he aprendido es que hay cosas que no son tan importantes... Lo material no interesa, el mal humor tampoco porque pasa y se perdona.

Tienes una carrera exitosa, una familia buena, te veo y te escucho segura. ¿Qué te atemoriza?
Los cambios siempre atemorizan, pero es bueno atreverse. Es lo único que aconsejo: hazlo, atrévete.

¿Qué le enseñas a tu hija?
Que respete a los demás, que la vida no gira en torno a ella. Me parece importante que mi hija entienda que no todos tienen sus posibilidades. No quiero que sea indiferente.

¿Qué pasa cuando te critican?
Cuando son constructivas las tomo muy en cuenta, me parecen importantes. Me gustaría que me criticaran para seguir mejorando, para avanzar. Uno aprende hasta el día de la muerte. He aprendido a empezar historias al revés, a tomar otros caminos. Mi hija me ha enseñado mucho a ser paciente.

¿El cielo es el límite?
Nooooo. Uno puede ir más allá del cielo. ¡Uno puede volar!

Dame un secreto para triunfar.
Con amor todo se logra, con pasión todo es posible, con honestidad es sencillo avanzar. Es un trabajo diario, pero estamos aquí para ser felices. Es lindo llegar a los 80 años y decir que algo he dejado. Esa es mi meta: sentir que viví y que hice.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook

Suscríbase Contracorriente

¿Tú qué opinas?

  • Cargando lista de blogs de opinión.