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DIARIO BEIJING

China batió un récord

El acto inaugural será recordado entre los más bellos y fastuosos de la historia

Por Eugenia Mont Farfán. Especial para El Comercio

Las expectativas por la ceremonia de inauguración de los XXIX Juegos Olímpicos eran inmensas. Sin embargo, no debe haber alguien que se sienta decepcionado con el espectáculo de cuatro horas, que no solo fue bellísimo, sino que también estuvo cargado de mensajes.

Como el símbolo del yin y el yang, el show mantuvo con maestría un delicado equilibrio de elementos duales de principio a fin, combinando aspectos de la cultura tradicional china con referencias al desarrollo reciente y la modernidad del país; y el uso de tecnología de avanzada con la participación de un elenco de 14 mil artistas que ha ensayado arduamente durante meses.

Desde el momento en el que las luces se apagaron y 2.008 tambores tradicionales se encendieron al ritmo de los golpes y formaron los números del conteo regresivo, quedó claro que este sería un espectáculo nunca antes visto. Y así fue hasta el final, cuando el atleta Li Ning, oro olímpico en gimnasia artística, se elevó por los aires y corrió alrededor del estadio suspendido en las alturas hasta llegar al pebetero y encender el fuego olímpico, un final absolutamente cinematográfico.

Los asistentes, en su mayoría chinos, se desbordaron de emoción y orgullo en más de una ocasión. Aplaudieron al unísono en cada uno de los momentos sobresalientes de la ceremonia, cantaron con fuerza marcial el himno nacional de China, algunos con lágrimas en los ojos, y vitorearon a sus atletas, artistas y líderes políticos. "Adelante China", "Adelante los Juegos Olímpicos" se escuchaba sin cesar en medio de un calor infernal que debe haber sido lo único que los organizadores no pudieron planificar.

También se mostraron anfitriones amigables y observaron con entusiasmo el desfile de los 204 países que participan en esta edición de los Juegos Olímpicos. Los peruanos, vestidos como chalanes con sombrero de jipijapa y los colores de la bandera al cinto, despertaron emociones entre los compatriotas que estaban presentes en el Estadio Nacional, conocido como Nido de Ave.

Podría decirse que la ceremonia tuvo tres bases: una creatividad artística que ha conseguido impresionar los sentidos de la audiencia sin descuidar los mensajes que se deseaban transmitir; un despliegue tecnológico que ha hecho posible trasladar los efectos cinematográficos al principal escenario deportivo de China; y la impresión que causa la multitud congregada, una marca registrada del país que contiene a un quinto de los habitantes del planeta.

Después de años de aislamiento, y de tres décadas de reforma y apertura, China ha mostrado al mundo entero lo mejor de su civilización y cultura, las más antiguas del mundo; y sin duda ha establecido una nueva marca olímpica, un récord que será difícil de superar.

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