Por Guillermo Oshiro
Danny Way no tiene ninguna medalla dorada para mostrarla a los fotógrafos, pero tiene tatuada en la frente la marca indeleble de mejor atleta de los X Games 14. Nadie se atreve a discutirlo, ni tampoco existe nada que haga tambalear tal designación. No es un premio consuelo para el legendario skater que inmortalizó su nombre saltando la Muralla China en una patineta: es la distinción justa para el hombre que personificó al verdadero deportista extremo.
¿Y qué hizo Way para merecerlo? Nada menos que poner en riesgo su humanidad, no una, sino dos veces con un par de maniobras radicales. En la final del Skateboard Big Air, el último jueves de julio en el Staples Center --un coliseo multiusos que cobija a Los Ángeles Lakers en la NBA--, Danny cayó aparatosamente tras lanzarse por la temeraria e inmensa rampa que lo catapultó por los aires hasta llegar a la rampa contigua, donde consiguió un salto de casi 20 pies. Fracasó en su segundo intento al caer y golpearse las costillas, incluso sintió que se le rompió el pie. Después, en la cuarta ronda, su cabeza se estrelló contra el piso y ni el casco que lo protegía impidió que todos temieran lo peor. Way se retorció de dolor unos segundos y volvió al ruedo, pese al pedido de los médicos, para completar dos espectaculares coreografías que le valieron la medalla de plata.
"Esto es pura pasión, es una manera de vivir al límite, es un arte como la música, es una cultura Los deportes de acción tienen una gran dosis de pasión y drama", explica Rick Alessandri, vicepresidente senior y director de la franquicia X Games. Por ello los fanáticos no solo premian con sus aplausos a los deportistas que logran maniobras imposibles, sino también a quienes lo intentan y arriesgan todo aunque las imborrables heridas sobre el cuerpo pretendan hacerles recordar que son humanos. Danny Way lo ha vivido y gozado en carne propia, y la gente lo ovaciona de pie.
De eso se tratan los X Games, de llegar a límites insospechados con ejecuciones que pretenden romper las leyes de la gravedad, ya sea sobre un skate, una BMX, una moto o un auto. Si no es espectacular, no sirve.
"La gente juzga nuestros actos sin tomarse el tiempo de entender el pensamiento detrás de ellos. Cada truco que aprendo, cada prueba que realizo es cuidadosamente estudiada. ¿Cuál es el riesgo? ¿Cuál es el premio? ¿Cuáles son las probabilidades de que me caiga? Si me caigo, ¿cuáles son las probabilidades de que me lastime? Si me lastimo, ¿habrá valido la pena? Recién ahí tomo mi decisión", confiesa Travis Pastrana, un verdadero ícono de los deportes extremos, ex medallista en moto y hoy ganador del Rally Car, una de las 16 competencias de la última edición.
'BOOM' MUNDIAL
Si alguien cree que esta es una competencia de diez locos y unos cuantos gatos, se equivoca. Del jueves 31 de julio al domingo 3 de agosto se realizaron en Los Ángeles, por segunda vez consecutiva, los X Games, que tuvieron como escenarios el lujoso coliseo Staples Center, el reacondicionado estadio Home Deport Center --donde juega el Galaxy de Beckham-- y el LA Live del Nokia Center, que recibieron a más de 120 mil fanáticos y tuvieron una audiencia de más de 40 millones de televidentes en todo el mundo, quienes disfrutaron de 20 horas de programación en vivo gracias a la cadena ESPN, organizadora y dueña de todos los derechos de la competencia.
Si todavía no cree que esto va en serio, los 1,65 millones de dólares en premios para los ganadores hablan de un verdadero 'boom' mundial, que ya encontró eco en México D.F., Sao Paulo, Aspen, Shangái y Dubái, sedes que forman parte del calendario 2008.
Sin ir muy lejos, la popularidad de los deportistas radicales se ven reflejados hoy en el joven skater Shaun White, quien a sus 21 abriles ya fue portada de muchas revistas y ha asistido prácticamente a todos los programas de televisión más populares de Estados Unidos después de ganar en snowboard el oro en las Olimpiadas de Invierno de Turín 2006 y repetir el plato en skateboard en los X Games 13 del año pasado. Mencionar su nombre es tan común como hablar de Kobe Bryant o Tiger Woods, aunque la pequeña gran diferencia del 'Tomate Volador' es que en su profesión todo lo que no implica riesgo no vale. Por algo los llaman deportistas extremos.