Edición impresa

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook
EL AMOR EN LOS JUEGOS A TRAVÉS DEL TIEMPO

Pasiones olímpicas

La antorcha olímpica no fue lo que único que se encendió en los corazones de los mejores atletas. Las historias de amor que nacieron en los juegos fueron apasionadas y emocionantes como sus protagonistas. Aquí tres de ellas

Una de las más importantes y que tuvo un mayor relieve que las noticias deportivas fue la historia protagonizada en Melbourne 56 por el lanzador de martillo Harold Connolly y la lanzadora de disco Olga Fitokova. En esos juegos ambos fueron campeones olímpicos y causaron revuelo con su idilio, pues en 1956 las relaciones entre el este y el oeste europeo atravesaban una profunda crisis debido a temas políticos. Por esa razón él (estadounidense) y ella (checoslovaca) tenían que sortear enormes obstáculos diplomáticos para poder formalizar su amor. Connolly fue a Praga diez semanas después de las Olimpiadas para pedir una audiencia con el presidente checo. Por desgracia, no todas las historias de amor tienen un final feliz y la pareja se divorció 10 años más tarde.

Otra pasión encendida que nació en unos juegos olímpicos --la única que no terminaría en divorcio-- la protagonizó uno de los grandes de la historia atlética, el checo Emil Zatopek, quien se enamoró de la lanzadora de jabalina Dana Ingrova, durante los juegos de Londres en 1948. Cuando Emil Zatopek partió a hacer su servicio militar en 1945, conoció a Dana Ingrova, hija de su coronel, y ya en los juegos de Helsinki, en 1952, eran marido y mujer. En esos juegos ambos ganaron medallas de oro, y las fotos de la pareja abrazándose aparecieron en las páginas centrales de los periódicos de todo el mundo. Los Zatopek vivieron felices juntos hasta que la 'Locomotora Checa', apelativo con el se conocía a Emil, murió de un ataque cardíaco una mañana de noviembre del 2000.

Al parecer la mayoría de las historias de amor en los Juegos Olímpicos la protagonizaron los checos. La gimnasta Vera Caslavska, campeona olímpica de Tokio 64, por poco no va a las Olimpiadas de México 68 por tomar posición contra la intervención soviética en la primavera de Praga, dos meses antes de los juegos. Finalmente consiguió el permiso correspondiente y en esas Olimpiadas ganó tres medallas de oro. La sorpresa la dio cuando inmediatamente después de las finales por aparatos se casó en México con el atleta checo Josef Odlozil, con quien había iniciado un romance desde Tokio 64. Sin embargo, esta bella historia de amor estaría marcada por la tragedia. El matrimonio se divorció en 1987. Después de muchos años, en 1993 el hijo de esa unión, Martin, terminaría matando a su propio padre en una pelea entre ambos. Vera nunca se recuperó.

  • Imprimir página
  • E-mail
  • Aumentar texto
  • Disminuir texto
  • Favoritos
  • Mr. Wong
  • Delicious
  • Menéame
  • Google
  • Facebook