Por Élida Román
Acaba de cumplirse el centenario del doctor Arturo Jiménez Borja (1908-2004) y en su homenaje puede verse una brevísima selección de piezas de sus colecciones de arte peruano, en el Museo de Arte y Tradiciones del Instituto Riva Agüero (PUCP), hoy parte del acervo de esa institución. Breve, como índice de un gran libro, la muestra permite renovar ese asombro espontáneo que produce el encuentro con piezas que no son solo materia modelada e intervenida, sino que están habitadas por ese espíritu de la cultura que las origina y que es hábilmente presentado a través de sus formas.
Peruanista antes que nada, Jiménez Borja nunca dejó de ser un esteta, una sensibilidad especialmente aplicada a saber captar, recuperar y elogiar, ese plus que convierte a un objeto en pieza artística, cargado de significaciones y arropado en sus características simbólicas. Máscaras, instrumentos musicales, maravillas plumarias, mates, textiles, y tantas otras categorías, se convierten así en un amplio y maravilloso abanico de improntas culturales, pertenecientes a una cultura específica y trascendente.
Queda pendiente la grande, extensa y completa exhibición de estas colecciones, su preservación y difusión, que será el mejor homenaje a este ilustre peruano.
En el Icpna de Miraflores debe visitarse "Orígenes virreinales de la imaginería popular", exposición que muestra la continuidad cultural, el proceso de mestizaje, la inserción y transformación de la iconografía católica occidental en el ámbito del mundo andino local, la fusión y paulatino cambio de significación e interpretación a través del imaginario, de la cosmogonía propia, invadida y acosada por los procesos de adoctrinamiento, íntimamente ligadas al sojuzgamiento general de la conquista y la colonización.
Pero este proceso no visto solo como la ejemplificación histórica, sino atendiendo a los modos, sutiles y persistentes, por los que la iconografía, en aparente adaptación, no deja de asumir sus propios patrones e idealizaciones.
Proceso largo, extendido y persistente, en la exposición comentada --y recomendada-- puede verse el diálogo fluido entre la producción colonial, dirigida y precisa aún dentro de sus libertades, y la republicana y contemporánea, que no han renunciado a aquellas pautas tan eficaces.
Esta proximidad de piezas de diferentes siglos, distancia temporal que no se percibe entre ellas, es un discurso contundente y efectivo, donde reside el acierto de la curaduría de Ramón Mujica Pinilla, investigador erudito y creativo que ha sabido seleccionar y ubicar piezas provenientes de colecciones públicas y privadas, logrando ese hilo conductor que no necesita de guías especiales para ser encontrado e incorporado con absoluta sencillez.
En sus palabras: "El visitante encontrará () las dos variantes artísticas --pictórica y escultórica-- y, socio-económicas: culta y popular. () pese a pertenecer a estamentos sociales distintos, estaban en permanente diálogo e influencia mutua. () Hasta los albores de la República la imaginería devocional, culta y popular, permeó el orden social virreinal y aún en nuestros días es posible reconocer las continuidades y rupturas iconográficas y estilísticas entre los imagineros del pasado y sus pares contemporáneos".