Por José Santillán Arruz
Son las 6 a.m. y un grupo de madres de familia se reúne en la parte más alta del cerro El Pino, en La Victoria. Allá arriba, en medio de un laberinto de estrechos pasajes, se encuentra el Comité del Vaso de Leche El Nuevo Amanecer. Doña Sabina Gonzales Escobar es la más antigua de ese grupo y conoce a fondo los problemas que deben enfrentar a diario. "Atendemos a 60 beneficiarios, pero entre la leche y la avena que nos entregan apenas alcanza para cinco días", dijo.
Susana Flores, integrante de dicho comité , agrega que los gastos que ellas realizan, entre kerosene, luz eléctrica, agua, azúcar y pan, son muchas veces mayores a lo que se ofrece como alimento para los beneficiarios. Reconoce también que un vaso de leche con avena no es suficiente alimento.
"Oiga, aquí tenemos cinco ancianos a los cuales les damos un vaso de leche... Claro que hay niños, pero aquí hay mucha gente que atender y un vaso de leche no basta", comentó.
LOS BENEFICIARIOS
La Ley 24059 que crea el Vaso de Leche establece que los niños de 0 a 6 años tienen la prioridad para recibir un vaso de leche al igual que las madres gestantes y en período de lactancia. El segundo grupo, siempre que se haya cubierto las necesidades del primero, lo forman los niños de entre 7 y 13 años, ancianos y enfermos de TBC. Para algunas madres del programa, el tema de los beneficiarios del programa aún no está claro.
Lorena Alcázar, investigadora del Grupo de Análisis para el Desarrollo (Grade), coincide en señalar que la falta de información respecto de los beneficiarios es solo una dificultad. "Hay desorden y errores de gestión debido a que no existe un órgano de control central que responda por el programa... Entonces no hay reglas claras y la distribución no es la adecuada", comentó. La especialista recordó que la ley obliga a que el 100% de los recursos entregados por el Estado sea destinado a la compra de productos, pero en muchos casos esto no es así, debido a que parte de ese dinero debe emplearse en la gestión del mismo programa. Recordó que los estudios realizados por Grade señalan que esta situación origina que el Vaso de Leche no llegue muchas veces a los segmentos más pobres de la población y se produzcan casos de infiltración, en los que se benefician personas extrañas.
UN MILLÓN DE INFILTRADOS
En el estudio "Programas sociales ¿de lucha contra la pobreza?" (Lima 2004), del profesor Enrique Vásquez, investigador de la Universidad del Pacífico, se señala, por ejemplo, que el número de infiltrados en el programa del Vaso de Leche llega a 1'073,639 personas, a nivel nacional.
Para Lorena Alcázar, la razón es simple: no existen padrones actualizados de los beneficiarios en las municipalidades encargadas de entregar los productos a los comités del programa. "Esto se agrava cuando en los propios comités encontramos que los padrones son hechos manualmente, con borrones y sin mantenerlos actualizados. Esto ocasiona una seria distorsión del programa", comentó.
Juan José Castillo, alcalde de Villa María del Triunfo, señaló, por ejemplo, que en breves días volverán a empadronar a los beneficiarios, a fin de no favorecer a personas que están fuera del programa. "El Vaso de Leche es a veces un problema en todo el país por el carácter político que se le da. Pero son las madres las que hacen sus listas ", dijo.
Alcázar indicó, por ello, que lo más urgente es contar con el registro único de beneficiarios de ese programa, pues este permite que la ayuda llegue a los verdaderos necesitados.
La ley que crea el Vaso de Leche determina que los recursos para esta iniciativa se asignan a todos los municipios del país, pero son los comités los que entregan el beneficio en base a sus padrones de inscritos.
LISTO EN OCHO MESES
Virginia Borra, ex ministra de la Mujer y Desarrollo Social y actual asesora de la Presidencia del Consejo de Ministros, señaló que el registro único de beneficiarios del Vaso de Leche podría estar listo en unos ocho meses, pero todo dependerá del software que actualmente preparan en el Ministerio de Economía. "Solo así, dijo, se podrá determinar la cantidad real de beneficiarios que hay en el programa", enfatizó.
Con ello marcó distancia sobre el millón de infiltrados que, según algunas entidades privadas, se estarían beneficiando indebidamente en ese programa. El presupuesto anual del Vaso de Leche es de S/.363 millones.
Beneficiarios reales reciben pocoSegún un estudio de Grade realizado en el 2002, por cada sol que se destina al Vaso de Leche, solo S/.0,29 llega a la población objetiva y S.0,71 se pierde en el camino. Es decir, los beneficiarios reales reciben poco y el impacto nutricional de esta iniciativa sería mínimo para satisfacer los requerimientos de los niños que viven en extrema pobreza, según Lorena Alcázar.
"Debemos hablar de complemento alimenticio y no de impacto nutricional, toda vez que gran parte de esta iniciativa no la recibe completamente el beneficiario", dijo.
Aun así, sostuvo que el programa es necesario, pero debe estar dirigido solo a los sectores pobres del país.
DEL CONSULTOR
La leche derramada*
El Vaso de Leche se concibió como un programa de emergencia y de complementación alimentaria dirigido prioritariamente a menores de 6 años y madres gestantes. No ha sido ni lo uno ni lo otro. Hay que recordar que un programa de reparto de alimentos no es un programa nutricional. Que un factor clave en la prevención de la desnutrición es la educación de la madre, y que una vez otorgado un beneficio sin condiciones, es muy difícil reducir o eliminar el apoyo a la población organizada.
Las investigaciones señalan que en todos los programas de complementación alimentaria (hay por lo menos cinco vigentes), existen problemas serios de subcobertura (no llega a los más necesitados) y de filtración (parte de los beneficiarios no son los que deberían ser). El Vaso de Leche no llega a muchos pobres extremos rurales, cuyos niveles de desnutrición crónica superan el 35% (Lima tiene un 8% de desnutridos crónicos). La tasa de filtración es del 26% (la mayor parte de la filtración se produce al interior del hogar que reparte la ración entre todos sus miembros, cualquiera sea su edad).
La ración no es significativa por su bajo impacto en la ingesta total y su bajo valor nutricional. Por ello, es indispensable reestructurar el programa. Falta insistir en los temas de educación alimentaria, promoción de la lactancia materna, planificación familiar y articulación con otros programas alimentarios.
* Carlos E. Aramburú. Antropólogo y demógrafo