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ENTREVISTA. RICARDO BEDOYA

¿Por qué es tan pobre nuestra cartelera?

HABLEMOS DE CINE, DEL MAL CINE QUE VEMOS COMERCIALMENTE EN EL PERÚ. EL CRÍTICO RICARDO BEDOYA NOS EXPLICA LAS RAZONES POR LAS QUE NUESTRA CARTELERA COMERCIAL ES UNA DE LAS MÁS POBRES DE LA REGIÓN

Por Alberto Servat

Lima celebra una nueva edición de su festival de cine. El momento ideal para hablar de películas y tratar de entender por qué nuestro país tiene una de las carteleras comerciales más pobres de la región.

Muchos lectores nos lo preguntan a través de cartas y e-mails. Pero la respuesta es bastante compleja y los distribuidores muchas veces prefieren el silencio al diálogo.

A propósito del tema conversamos con Ricardo Bedoya, uno de los críticos de cine más influyentes de nuestro medio, colaborador nuestro en las páginas de El Dominical y conductor del programa de televisión "El placer de los ojos". Agudo observador del fenómeno, crítico directo y agudo del sistema, Bedoya nos explica con precisión la situación que vivimos los cinéfilos aquí.

¿Por qué vemos malas películas en el Perú?
Creo que se nota mucho más la pobreza de la cartelera en un mercado tan pequeño como el nuestro. Es un mercado que fue en un momento grande --a fines de los años 50 se estrenaban 700 películas al año-- que fue achicándose hasta límites que parecían de quiebra total al comienzo de los años 90. Y luego volvió a crecer pero de una manera totalmente distinta. El mercado que existió hasta los 90 era más equilibrado, había cines de barrio, Lima estaba cubierta por una red de cines mucho más amplia. Y por supuesto en todo el Perú había cines. Todo eso cerró, quebró. Luego se reconstruyó la infraestructura de salas de una manera distinta y para fines distintos. Lo que ha ocurrido es que Lima tiene multicines en determinados distritos. Y en las provincias solo en las capitales de departamento que tienen mayor desarrollo. Ese es un asunto. El otro es que hay un cambio en la estrategia de lanzamiento de las películas. Hasta los años 80 las películas importantes se estrenaban en pocas salas. No te olvides del roadshow, películas exclusivas en los cines Roma o República. Tenías la película ahí durante un año. Ahora la estrategia es el lanzamiento masivo con muchísimas copias porque la película tiene que consumirse en dos semanas, máximo tres. Y ahí terminaron su vida porque de ahí pasan a otras ventanas: el cable, el video, etc.

El deterioro de los cines responde a varias causas. ¿Fueron el terrorismo y la crisis económica las más fuertes?
Sí, pero no las únicas. La crisis económica y el terrorismo sin duda contribuyeron a la decadencia. Pero el fenómeno es previo a ello. Durante muchos años, en la época de los militares, los precios estuvieron controlados. Se consideraba el cine como un artículo de primera necesidad y entonces las entradas al cine eran muy baratas. Como resultado los cines comenzaron a deteriorarse porque no tenían recursos para cambiar sus equipos ni para mejorar la infraestructura. Luego vino la crisis y la cosa empeoró. Y, por supuesto, la competencia de la televisión, el video y el cable. Ahora la estrategia de saturar la cartelera con cientos de copias de una misma película se nota más en el Perú porque no tenemos la misma cantidad de multicines ni tan repartidos por toda la ciudad.

¿Por qué tantas copias de tan pocos títulos?
Porque el mercado es implacable. Porque una película sigue a otra porque hay una programación fija que tienen que cumplir. Mira la relación de títulos que envía cada compañía distribuidora. Es interesante leerla al final de cada semestre o del año.

No cumplen con estrenar ni la mitad de películas.
Así es. ¿Y cuáles son las que sacrifican? Las películas más frágiles, más pequeñas. "Elizabeth: The Golden Age" o "Persépolis", por ejemplo, no llegaron. Y estaban anunciadas. ¿Y por qué? Porque las otras son imparables y porque van agregándose otros títulos no previstos pero que de pronto tuvieron éxito en determinado mercado y pensaron que aquí podían funcionar también.

¿Dónde quedan los distribuidores independientes?
Tienen que esperar años. Es lo que pasa también con las películas peruanas. Entran a la cartelera y a la segunda semana apuran para que salga porque tiene que entrar una película prevista. Y si no la quitan del todo la dejan en dos funciones. Aparentemente está en cartelera pero en funciones de cuatro de la tarde y nueve de la noche, totalmente relegada. Y la estrategia de meter tantas copias aquí se ve de una manera beneficiada, casi protegida, porque las copias entran con la importación de los derechos de aduana suspendidos. Es un beneficio por el que las copias entran con la liberación de derechos y luego tienen que ser reenviadas fuera. Es un mecanismo que no sucede en otros países. Allí entran las copias pagando los derechos de aduana y se quedan un buen tiempo.

Finalmente la expectativa que generaron los multicines quedó en nada. Hay más salas para las mismas películas.
Exacto. Hay un discurso que sustenta todas las campañas para ir al cine. Campañas antipiratería. Un discurso que si lo analizas no tiene sustento. Los distribuidores te ofrecen pocas películas y del mismo tipo. Un modelo que se repite hasta el cansancio y que se supone nos debe satisfacer. Nos quieren hacer creer que es el único tipo de cine que existe y que es lo quiere la gente. Pero la gente no puede querer otra cosa porque no tiene alternativa.

Y hay un público formateado de tal manera que se le hace difícil un cine que no sigue las fórmulas de Hollywood.
Así es. Y dicen que esas películas no se deben ver porque el público no está preparado para verlas. ¡Claro que no está preparado! Si no tiene alternativa.

Dentro de este panorama la principal misión de una distribuidora es hacer dinero.
Claro que sí. Pero eso no se discute. Es su negocio. El problema aparece cuando esta actitud supone una actitud hegemónica. Cuando nadie más puede entrar a la cartelera. Ese es el problema.

Pero no solo eso. Para llevar más gente al cine llegan a los excesos de calificar "Batman: El caballero de la noche" como apta para todos, cuando es una película para adultos.
Eso es bárbaro. Es una película fuerte y los niños no entienden nada. Pero ahí también ocurre una cosa muy particular: la autorregulación. Es una utopía liberal, donde el productor establece las condiciones bajo las que se va a consumir su producto. Hasta los años 80 había una censura, terrible. Luego se da un reglamento que establece una calificación por edades. Pero dejó de aplicarse. Quedó desactivado y los propios distribuidores comenzaron a regularse. La lógica nos dice que a ellos les conviene poner calificaciones menores para captar más gente.

Lo que pasó con "La mujer de mis pesadillas". Censuraron escenas con toscos parches para atraer al público familiar.
Claro. Lo que pasó ahí es muy interesante. Tiene que ver con una idea que tienen de lo que puede ser ofensivo en América Latina. Sin embargo en Estados Unidos la puedes ver intacta pero con otra calificación, para mayores. Allá sí se cumple. Al tema de la calificación hay que sumar también la tendencia hacia el doblaje. Quieren imponerlo. Pienso que por alguna razón las compañías tienden al doblaje. Están tratando de imponerlo.

¿No resultaría más caro doblar las películas? ¿O el resultado va a ser tan exitoso que captarán más gente con ello?
Ellos piensan que el público adolescente prefiere películas dobladas. Como es el público estadounidense que odia leer subtítulos. Es un problema de costumbre y de imposición. Si comienzan a doblar películas, a la larga el público se va a acostumbrar. Porque el cine se sustenta en el acto de salir. El cine es un acto social. Y está claro, la gente va a ver cualquier cosa. No eligen. Si se acaban las entradas para una película entran a la otra.

¿Qué nos queda frente a esta pobreza de la cartelera?
Creo que es una tendencia imparable. Pero hay que hacer que se tome conciencia de que es posible la diversidad. En otros países por lo menos se discute, aquí hay una especie de ortodoxia liberal. En Europa se aplica la política de limitación de cuotas. Sobre todo porque la producción de la Comunidad Europea es significativa y hay cuotas de pantalla. En Argentina se discute que se establezca un número tope de copias por película. Y esto no es un discurso antiimperialista porque el cine estadounidense nos da películas extraordinarias.

¿No hay una salida inmediata?.
No, no la hay. Tendría que haber una decisión política muy clara. Pero hasta que se animen pasará mucho tiempo.

¿Crees que el Festival de Lima es significativo para tomar el pulso de los gustos del público?
Todo festival es significativo. Son diez días en los que hay una gran cantidad de películas y mucho entusiasmo. Pero me temo que un festival es un estado de ánimo en un momento determinado, con un grupo de gente que es propicia a ver las películas que se proyectan. Una especie de fiesta. Pero queda en eso. A veces da pena, pero las películas más exitosas del festival, esas que agotan las entradas, luego se estrenan y no va nadie. ¿Qué pasó ahí?

El público no responde.
Ese es otro asunto. El público ha perdido la curiosidad intelectual por el cine. Y se explica porque la oferta cada vez ha sido peor.

Recuerda que en el pasado eran las películas para adultos las que tenían éxito. Y las dirigidas a niños aparecían de vez en cuando.
Hay una infantilización del público en general. El promedio de edad de la producción está dirigida al entendimiento de un chico de 11 años. Las películas se hacen para que un niño de esa edad las entienda. ¿Hace cuánto tiempo no vemos un ser humano en la pantalla? Si no fuera por el Óscar no se hubiera estrenado "Petróleo sangriento" o "Sin lugar para los débiles". Los distribuidores las habrían rechazado sin los premios.

PELÍCULAS QUE NO VEMOS
Ni siquiera sus candidaturas a algunos de los premios de la Academia sirvieron de argumento para la exhibición comercial de estas películas en el Perú. Y luego las distribuidoras hacen campaña para ir al cine y evitar circuitos alternativos. Pero la cartelera no ofrece opciones.

1. "Juno", de Jason Reitman. Jennifer Garner, Jason Bateman y Ellen Page.

2. "Elizabeth: The Golden Age", de Shekhar Kapur. Geoffrey y Cate Blanchett.

3. "Persépolis", la cinta animada de Vincent Paronnaud y Marhane Satrapi, con voces de Catherine Deneuve y Chiara Mastroianni.

4. "The Savages", de Tamara Jenkins. Philip Seymour Hoffman y Laura Linney.

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