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EL LADO OCULTO GUSTAVO CERDEÑA, GERENTE TÉCNICO DE LA POSITIVA

Ese poderoso ronronear

NO SE PUEDE QUEJAR. SOÑABA CON UNA HARLEY-DAVIDSON Y HOY TIENE UNA. NO SOLO ESO: LIDIA DETESTABA LAS MOTOS, HOY CONDUCE A SU LADO. ESTÁN POR PARTIR AL OMBLIGO DEL MUNDO

Por Antonio Orjeda

Ganó por cansancio. Ni bien salía de la chamba, pasaba por ella para juntos ir a contemplarlas. Ya la tienda estaba cerrada. Qué importa. Pegado al vidrio, Gustavo se conformaba con mirar. Lidia, la madre de sus dos hijas, después de tantas visitas, resignada, le dijo: "Está bien, cómprate una Harley". Eso sí, que ni se le fuera a ocurrir que ella se iba a subir a ese mastodonte.

Pero en esa lid, Lidia no cayó por cansancio. Primero, Gustavo le regaló la casaca oficial, después el pantalón de cuero, luego los guantes, el casco... Hoy, Lidia es una 'harlista'. Conduce su propia 883.

POSESIVA DE MÍ
Roberto es el mayor de cuatro hermanos. Adoraba las motos. Tenía un fan: Gustavo, el menor, a quien le llevaba 16 años. Se lo llevaba de aquí para allá. Gustavo lo acompañaba al mecánico. Roberto se casó. Se fue. Su Honda de 90 centímetros cúbicos se quedó en casa.

En desuso y casi de-sarmada, Gustavo la veía ahí. Su papá no quería saber más de motos. Cometió un error. "Si la puedes arreglar, te quedas con ella". Se fregó. Gustavo comenzó a comprar libros de mecánica. Usados. Se metió a uno, a cuanto taller vio. Aprendió a reparar motos, en año y medio tuvo la suya operativa. Terminó el colegio, quiso hacerse ingeniero mecánico, pero en la Ciudad Blanca --donde nació y creció-- entonces no enseñaban esa carrera. Gustavo estudió Economía.

Faltándole un año para acabar la universidad, volvió a tomar micros. Sí, le robaron su Honda de 90 centímetros cúbicos.

"No volví a tener moto sino hasta cuando estaba casado". Le costó mucho esfuerzo, afirma, y no se refiere al precio que tuvo que pagar, sino al trabajo que le costó convencer a Lidia.

Gustavo la conoció siendo un peatón. Se prestaba motos para llevársela de paseo. Nada. La primera compra que Lidia aceptó no fue una Harley-Davidson, sino de una 125 que Gustavo vendió ni bien tuvo el permiso para comprarse el juguete de sus sueños: una Sportster 1200 Custom.

"De manejar una 125 pasé a una con un motor de 1.200 y 50 caballos de fuerza. La 125 tenía solo cinco". La tuvo dos años, la vendió. Compró su actual Dina Súper Glide, con la que ha recorrido más de 126 mil kilómetros (que es como haber unido Tumbes y Tacna unas 50 veces).

Al sexto mes ya había partido a Arequipa. Lidia lo siguió en auto. Gabriela y Viviana se turnaban como copilotos de papá.

Al segundo año ya había llegado a Argentina, Lidia ya aceptaba viajar con él. Juntos sentían el poderoso ronronear de su Harley-Davidson. Lidia hizo un curso en la Escuela de Motociclismo de la PNP y hubo necesidad de comprar una máquina más.

En setiembre planean partir al Cusco, Gustavo sueña con viajar a Mil-waukee, visitar la fábrica donde nacen las motos que lo vuelven loco.

Roberto, su hermano mayor, se está animando a comprarse una. Así como él lo paseaba cuando chico, Gustavo ha paseado a sus hijas. Gabriela, la mayor, ya conduce la Harley de mamá. ¿Habrá necesidad pronto de comprar unas máquinas más?

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