Por Yolanda Vaccaro. Corresponsal
MADRID. En España son muchos los que no salen de su asombro. El pasado 25 de julio, tras meses de tensión, por fin el rey Juan Carlos y Hugo Chávez, presidente de Venezuela, se reunieron en Palma de Mallorca. Chávez aseguró que el distanciamiento producido tras el incidente del "¿Por qué no te callas?" estaba completamente superado. Aludía a lo ocurrido en la última Cumbre Iberoamericana, en Chile, en la que el rey preguntó a Chávez, de forma retórica pero contundente: "¿Por qué no te callas?". El monarca reaccionó así porque el líder venezolano no paraba de insultar al ex presidente José María Aznar y no dejaba hablar al actual jefe del Gobierno Español, José Luis Rodríguez Zapatero.
En Mallorca terminaban, supuestamente, ocho meses de continuas amenazas de Chávez de nacionalizar las empresas españolas presentes en su país como represalia contra el rey. Todo parecía normalizado. Pero, apenas seis días después del encuentro, Chávez anunció que iba a nacionalizar el Banco de Venezuela, en manos del Banco Santander, uno de los grupos financieros más grandes de España.
Chávez obliga al Santander a venderle su empresa en Venezuela, y al precio establecido por el propio comprador, 775 millones de euros, 50% menos de lo que pretenden los actuales propietarios.
Las utilidades del Banco de Venezuela, aunque llegan a los 200 millones de euros cada año, solo representan el 2% de las ganancias de todo el grupo empresarial. Sin embargo, más allá de la envergadura monetaria, la venta obligatoria al Gobierno de Venezuela, y encima con un precio fijado por el propio Chávez, habla de una inseguridad jurídica más que preocupante. Y de una descortesía evidente en el terreno de las relaciones internacionales.
Este es, seguramente, el más llamativo, pero no el único, caso en el que no se reflejan en el tratamiento a las inversiones españolas las buenas relaciones que mantiene el Gobierno Español con sus pares latinoamericanos. José Luis Rodríguez Zapatero, jefe del Ejecutivo hispano, se lleva bien con todos sus homólogos latinoamericanos. Pero a la hora de la verdad algunos de estos últimos aplican una política que difícilmente se puede calificar de amistosa con las empresas españolas.
Las aguas también son turbulentas para las ingentes inversiones españolas en países como Argentina o Bolivia.
CHIVO EXPIATORIO
Entre 1993 y el 2005, las empresas españolas invirtieron en Latinoamérica US$129.000 millones. Una inversión que regímenes como el de Chávez muchas veces satanizan convirtiéndolas en una especie de chivo expiatorio de lo que califican como neocolonialismo. Un enemigo extranjero siempre es alimento sabroso para el monstruo populista y nacionalista.
Así, en la famosa cumbre del "¿Por qué no te callas?", un aliado de Chávez, Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, atacó duramente a la empresa eléctrica Unión Fenosa. Ortega culpa a la entidad de los fallos en la red eléctrica, mientras que la empresa asegura que el problema del país es de generación, al ser escasa y cara, y no de distribución.
Por su parte, Chávez ha 'renacionalizado' en gran medida el poderoso sector energético de su país, dejando entre los principales damnificados a la española Repsol. A diferencia de lo que ocurría hace unos años en Venezuela, en los que la empresa era propietaria de sus actividades de exploración y producción, ahora las tiene que compartir al 50% con el grupo estatal del país.
En la misma línea actúa Evo Morales, presidente boliviano. Precisamente pocas semanas después de reunirse en Madrid con Rodríguez Zapatero y de compartir con él una rueda de prensa plagada de elogios mutuos, Morales anunció que iba a recuperar el control de los hidrocarburos para el Estado, con lo cual afectaría directamente a Repsol. El mandatario ha arrebatado la producción de Repsol a cambio de un 18% por comercializar el gas. Ahora revisa las concesiones de Aena, gestora de aeropuertos, y de la constructora Abertis. De nada valió que en el mencionado encuentro Rodríguez Zapatero anunciara la condonación de 100 millones de euros de deuda a Bolivia.
TELEFÓNICA, EL PARADIGMA
Pero si hay una empresa que representa el paradigma a la hora de ser utilizada como cabeza de turco por los gobiernos en países tendentes al populismo, esa es Telefónica. Esta empresa controla los mayores operadores de telefonía del Perú, Brasil, Argentina y Chile, y tiene filiales en casi toda la región. Es el segundo operador de telefonía móvil en Latinoamérica, con 94 millones de clientes. Y, claro, la compañía no podía ser ajena a las medidas proteccionistas.
Rafael Correa, presidente de Ecuador, ha anunciado un endurecimiento de las condiciones de la licencia de móviles de Telefónica. Y Chávez ha rebajado en 20% las tarifas de la venezolana Cantv, la principal rival del operador español. En Argentina, las tarifas de Telefónica, como las del resto de empresas de servicios públicos, están congeladas desde el 2002. Endesa, Repsol, Gas Natural o Aguas de Barcelona sufren el latigazo.
LA BATALLA ARGENTINA
Argentina es, justamente, uno de los principales dolores de cabeza para las empresas españolas, a pesar de las excelentes relaciones que aseguran mantener los gobiernos de Rodríguez Zapatero y de Cristina Fernández de Kirchner. En Argentina, las empresas españolas han desembolsado, desde 1997, más de 42.000 millones de euros, casi la tercera parte del total de lo que han invertido en Latinoamérica.
En el ámbito de su política de 'argentinización' de empresas españolas en su país, la presidenta ha logrado la venta parcial de la petrolera YPF por parte de Repsol al empresario local Enrique Esquenazy.
Asimismo, está en plena ebullición la 'renacionalización' de Aerolíneas Argentinas. Controlada desde el 2001 por la española Marsans, la empresa es uno de los caballos de batalla de la vocación nacionalista. El gobierno de Néstor Kirchner congeló durante años las tarifas de las rutas aéreas nacionales, controladas casi totalmente por la citada línea aérea, compañía que, a diferencia de sus competidoras en todo el mundo, no pudo trasladar el encarecimiento del combustible a las tarifas.
Los ejemplos son muchos. Todos confirman que los parabienes mutuos que se prodigan Rodríguez Zapatero y sus citados homólogos latinoamericanos circulan por un camino opuesto respecto del que sigue el tratamiento que sufren las inversiones hispanas en los países mencionados.
SEPA MÁS
4España es el segundo inversor en Latinoamérica, por detrás de EE.UU. En el Perú y Argentina ocupa el primer puesto.
4Los bancos Bilbao Vizcaya Argentaria y Santander tienen las mayores redes bancarias de la región.
4El Banco Santander se encuentra en ocho países, aunque su principal apuesta es Brasil, donde, con la compra de Banco Real a ABN Amro, situará su franquicia entre el tercer y el cuarto puesto. También controla el primer banco de Chile y el tercero de México. La región aporta 32% de las utilidades del grupo.