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NUNCA SE REUNIÓ CON EL EX PRESIDENTE

Jiménez dice que los generales le tenían miedo a Montesinos

Ex jefe del GEIN sostuvo que matanzas de Colina eran la antítesis de lo que es la inteligencia

El coronel PNP (r) Benedicto Jiménez Bacca sostuvo que Vladimiro Montesinos tenía mucha injerencia y poder en el desactivado Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). "Los generales le tenían miedo, se quedaban dormidos esperando que los atendiera. Era de cuidado y casi nadie se atrevía a decirle no", declaró ayer ante la Sala Penal Especial que juzga al ex mandatario Alberto Fujimori.

Testigo de cargo, el ex jefe del desaparecido Grupo Especial de Inteligencia (GEIN) reconoció que en febrero de 1991 fue designado por un memorándum firmado por el entonces presidente Fujimori como enlace entre la Dirección Nacional Contra el Terrorismo (Dincote) y el SIN.

Para ello acudía a las instalaciones del SIN, a las reuniones de la comunidad de inteligencia por lo menos dos veces al mes, a fin de informar sobre sus actividades en la lucha contra el terrorismo.

Jiménez dijo que aprovechó estas coordinaciones para conseguir apoyo para la Dincote.

El también ex candidato a la alcaldía de Lima por el Apra sostuvo que cuando estuvo al frente del GEIN nunca se reunió con el procesado y que sus pedidos los hacía a través de su hermano Santiago Fujimori, como el caso de la aprobación del Reglamento de la Ley de Arrepentimiento en 1993, que posibilitó la entrega de varios pelotones de Sendero Luminoso.

Asimismo, Jiménez deploró las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, a las que calificó de "excesos" y "barbaridades". Dijo que ese tipo de operaciones era la antítesis de la "inteligencia" y se basaba en la estrategia de que "el mejor terrorista es el terrorista muerto".

Aseguró que por informaciones posteriores supo que las víctimas de esos crímenes perpetrados por el grupo Colina no eran mandos terroristas como algunos miembros de ese destacamento militar han sostenido.

En el caso de Barrios Altos, dijo que las víctimas, en su mayoría, eran pobres heladeros que no simpatizaban con Sendero Luminoso; y en el caso de La Cantuta no se trataba de un destacamento que haya atentado en la calle Tarata, sino de un grupo de músicos que tocaba zampoña en algunas actividades de masas del grupo terrorista.

En cuanto al coche bomba que explotó en Tarata, dijo que después se supo que el objetivo era un hotel miraflorino, pero que el vehículo se malogró antes de llegar a destino.

Jiménez contó que en 1991 llegó a la Dincote un grupo de analistas del SIN, con Martin Rivas a la cabeza, para estudiar documentos senderistas incautados.

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