Por: Juan Paredes Castro |
A la luz de algunos nombramientos al interior del gobierno, como el de Carlos Arana en Foncodes, el presidente Alan García podría estar haciendo demasiadas concesiones al corto plazo y a su temor profundo a la impopularidad.
Ya no viene al caso tocar aquí las descalificaciones de Arana para hacer de Foncodes el buque insignia de la inclusión social. A menos, claro, que la tarea del funcionario aprista sea, por el contrario, desactivar la institución, transferirla en retazos a las regiones o convertirla en un aparato de movilización social del régimen.
Esto es lo que nadie ha podido o querido explicar hasta hoy, pues la cerrada defensa oficial de Arana ha coincidido en una cosa: que él es un buen militante y un buen profesional, cosa que sus críticos no discuten. Quizás falta que la ministra Susana Pinilla, a quien reporta Arana, fundamente un poco más su nombramiento y principalmente el destino de Foncodes. Así sabremos a qué atenernos respecto de por qué Arana está en el puesto en que está y qué debemos esperar de su sabiduría y experiencia de hoy y de ayer.
En el fondo, de lo que se trata ahora es de penetrar en el terreno íntimo de las decisiones de García, a quien su descenso de popularidad en los últimos tiempos, crucialmente marcado por la inflación, acerca peligrosamente a la búsqueda de respuestas populistas de corto plazo, en lugar de correr el riesgo (para lo que se necesita más coraje) de asumir medidas impopulares que le permitan en más de un año o dos remontar las disminuidas cifras actuales de aprobación.
En relación con sus primeros días, el Gobierno ha dejado de rectificar equivocaciones, ha abandonado el cerrojo al copamiento estatal aprista, ha empezado a ser más perdonavidas que fiscalizador (ahí está la criminalidad en las carreteras), ha vuelto a mirar con simpatía las subvenciones bajo el eufemismo de los fondos de estabilización, ha marcado más nítidamente la exposición presidencial en lugar de replegarla convenientemente y ha adoptado como norma la creencia de que hay que ponerles una buena dosis de campaña política a las tareas o antitareas del Gobierno.
En su mensaje último García dijo que había que tener serenidad y tranquilidad. Pues tengámoslas mediante claras señales de futuro, que es lo que más necesitamos.
Ejercitemos nuestro derecho a saber, por ejemplo, a dónde vamos y con qué capacidad para voltear democráticamente la esquina del 2011, pasando por enfrentar desde hoy cualquier eventual aventura autoritaria que se alimenta precisamente de los desatinos institucionales de este tiempo.