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EDITORIAL

La libertad que también merecen los Juegos Olímpicos

La grandiosidad y despliegue de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing capturaron explicablemente la atención mundial y del Perú.

Somos pocos en Beijing, pero somos. Y el país espera que los deportistas peruanos alcancen esas medallas que han ido a buscar, en medio de una competencia reñida y que, desde ya, los ubica entre los mejores del mundo.

China no ha escatimado inversiones para ofrecer a diez mil deportistas de más de 200 países las sedes más calificadas y sofisticadas vistas en unos Juegos Olímpicos. Un esfuerzo arquitectónico que, como indican los analistas, ha redefinido el perfil de la capital de un país que quiere presentarse como una moderna potencia mundial y como la más exitosa experiencia de desarrollo.

Lamentablemente, no solo la alta contaminación que produce China ha opacado los grandioso juegos. Del otro lado de la medalla, han brotado irremediablemente las deleznables prácticas dictatoriales del gobierno comunista de Beijing, reñidas con el respeto a las libertades individuales y los derechos humanos.

Los disturbios en vísperas de la inauguración de los juegos, en diversas partes del mundo, señalaron las incoherencias de un sistema poderoso económicamente, pero que sigue mostrándose intolerante a la crítica. Qué decir de los miles de disidentes presos, del espionaje y seguimiento que sufre la prensa y la censura que en estos juegos se ha aplicado sobre Internet, en medio del rechazo del mundo democrático y las instituciones defensoras de los derechos humanos.

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